Política

Derrota

Román Ibarra
Escrito por Román Ibarra

El secuestro de las instituciones venezolanas llevado a cabo por los regímenes de Chávez y Maduro desde 1.999, hasta el presente, marcan la más grande destrucción de país alguno en nuestra región latinoamericana.

Esto solo es comparable con el sometimiento al que ha sido sometida Cuba, por parte del comunismo encabezado por Fidel Castro y compañía, con la diferencia de que nuestro país lo ha tenido todo en materia de recursos y posibilidades para salir del atraso.

No por casualidad, el nuestro es una copia al carbón de la miseria impuesta a sangre y fuego por los dictadores cubanos, y para decirlo correctamente, una colonización auspiciada por la traición de haber entregado nuestro país para ser esclavizado y destruido por unos chulos y asesinos.

Ese cuadro escandaloso y ruin, es el espejo de nuestra miseria de hoy que nos pone al borde de la desesperanza como nación, en la que nuestros ciudadanos se debaten entre la pobreza que se desliza hacia el delito por razones de supervivencia, y otros por simple vagabundería, y la necesidad de emigrar tras la búsqueda de mejores horizontes en tierras menos hostiles.

Somos un país fantasma, rodeado de miseria; pobreza atroz; hambre; basura, y muerte, frente a los ojos de unos gobernantes enriquecidos por la corrupción, y absolutamente indolentes de todo cuanto ocurre con las mayorías depauperadas, precisamente por la acción deletérea de una dictadura sin frenos, hasta ahora.

Esa corporación criminal que ha diseñado meticulosamente la destrucción y el decaimiento de nuestro país, ha encontrado en estas elecciones de gobernadores un éxito inusitado, precisamente en el peor momento de crisis, por cierto generada por un régimen que tiene casi 19 años de actuación ininterrumpida.

Es incomprensible para nosotros, y para el mundo civilizado, el hecho de que el régimen haya ¨ganado¨ tantas gobernaciones. No obstante, es necesario aclarar que hemos sido víctimas como sociedad, primero del secuestro de las instituciones para ponerlas al servicio del gobierno, y los titulares de esos poderes, puras fichas del oficialismo como instrumentos de nuestra destrucción a la orden del fraude continuado contra la democracia, que se evidencia en todas sus tropelías, junto a los errores de la oposición con el envío de mensajes confusos, y contradictorios, tales como: huelga petrolera; paro indefinido; Plaza Altamira; Carmonazo (2002), abandono del parlamento (2005); guarimbas, y trancazos 2014, y 2016, lo cual, ha dividido claramente a los opositores.

Todos esos gazapos han sido aprovechados por un gobierno inescrupuloso, y antidemocrático para imponer su visión totalitaria, a través del impedimento de la realización del RR en 2016, con la utilización de unos jueces incompetentes; la suspensión de elecciones de gobernadores; universidades autónomas; sindicatos, y todo ello potenciado evidentemente por poderes serviles como el electoral, y judicial, para garantizar la destrucción de nuestra sociedad; del sistema político marcado en la Constitución, y la impunidad que les hace seguir cabalgando en la corrupción más voraz de la historia republicana.

Recomponer las fuerzas democráticas, y la coherencia en sus políticas se hace necesario hoy más que nunca, para recuperar los espacios perdidos, y demostrar los mecanismos fraudulentos con los cuales el poder instaurado pretende hacerse eterno.

Continuar la lucha con la incorporación de manera leal de todas las fuerzas opositoras para darle sentido a la recuperación del país, luego de la destrucción a la que ha sido sometido por el comunismo.

Agradecidos con la solidaridad y comprensión de los factores democráticos internacionales que siguen con sus ojos puestos en nuestra tierra para ayudarnos a vencer la oscuridad.

Venezuela merece vivir mucho mejor!


Román Ibarra  –  @romanibarra


 

 

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Columnista

Román Ibarra

Román Ibarra

Abogado. Profesor Universitario (UCV). Doctor en Ciencias Políticas (UCV). Especialista en Gobierno y Políticas Públicas (UCV) y Gobernabilidad y Gerencia Política (UCAB y George Washington University)