Cultura

Saturno devorando a sus hijos

Roma F. Sarmiento F.

Francisco José de Goya y Lucientes nace en Fuendetodos población española de la provincia de Zaragoza en la comunidad de Aragón en el año de 1746. Entre 1820 y 1821 ya superado ampliamente los setenta años de edad, pasó la larga convalecencia de una grave enfermedad en su casa de campo, una villa próxima a Madrid llamada la Quinta del Sordo, de la que, cuando era más joven partían para su gran diversión, las cacerías.

Allí se resguarda no por placer, sino por la conocida enfermedad que sufría el pintor, los fuertes dolores de cabeza, mareos y dificultad para mantener el equilibrio, aunque desaparecidos estos síntomas la sordera le acompañó hasta el fin de sus días.

En las paredes de dos estancias, pintando al óleo sobre el revoque, Goya realizó una impresionante serie de escenas visionarias y pavorosas: por el tono general de los colores, así como por su sombrío significado, dando por nombre “pinturas negras”, siendo la anticipación contemporánea y los variados movimientos de vanguardia que marcarían el siglo XX.

Esta serie de cuadros, separados en 1873, se conservan en el museo del Prado de Madrid, en un espacio apropiado que recupera la disposición originaria. La secuencia no tiene un único hilo narrativo: cada recuadro es autónomo, como una pesadilla terrible, una sucesión de apariciones demoníacas que aterrorizan a una humanidad desaliñada y desquiciada. En muchos casos no se indica un motivo preciso, solo se evoca un clima de tragedia, de total desconfianza, en consonancia con la célebre frase escrita por Goya en la portada de una famosa colección de grabados: “El sueño de la razón engendra monstruos”.

Tanto es así, que una de las imágenes más pavorosas de toda la historia del arte parte del relato mitológico del dios Saturno devorando a sus hijos. La referencia literaria, sin embargo, se transforma en una pesadilla visionaria: un monstruo horrendo y gigantesco se abalanza sobre misteriosos despojos humanos, despedazados y sangrientos.

Estos rasgos presentes en la obra, esta ligado a la melancolía, la destrucción, bajo expresiones terribles del horror caníbal, con ojos brotados en blanco, pupilas dilatadas y mirada de extremo desespero por acabar con su presa, se aplica una gama de manchas gruesas entre el negro y marrón, emplea el claroscuro como un contraste fuerte para visualizar la figura de Saturno.

Goya ha querido presentar el estilo llamado tenebrismo, siendo una aplicación radical del claroscuro, por la cual únicamente las figuras centrales se destacan iluminadas de un fondo generalmente nocturno, misterioso, ubicado quizás en una cueva o espacio tan reducido y lleno de pavor, que entre las penumbras se observa la presencia del ocre de las carnaciones y la llama brillante en blanco y rojo de la carne viva del hijo.

De manera atrevida se dice que la figura del hijo posee formas femeninas, observemos la cintura, piernas y caderas curvilíneas, donde al parecer Goya ha plasmado así la silueta de María Teresa de Silva Álvarez de Toledo, con quien el famoso pintor tuvo una relación, pero esta lo rechazo por la diferencia de las clases sociales, ella por ser duquesa y el un simple pintor, allí Goya en un estado de desasosiego y desamor, pintó el cuadro, por ello, él mismo se representa como Saturno devorando a la duquesa (el hijo) por su rechazo amoroso.

No es nada relativo, que para observar un cuadro de esta magnitud viajemos hasta el museo del Prado de Madrid o debamos curiosear un libro de arte para notar la desgracia y penumbra en el lienzo, con solo mirar la fiel situación actual del país -Venezuela-, nos ahorramos más que una entrada al Prado, sin ser ciegos ante las penumbras, intranquilidades, ansiedades e inquietudes, que día nos genera angustia y malestares al resistir tanta barbarie que sufre cualquier venezolano evitando caer en la profunda desidia social, económica, política, moral, cultural y educativa, en consecuencia del enriquecimiento de unos pocos multiplicando la pobreza extrema de muchos; en una premisa caótica en cualquier estructura que adopte el sistema de relaciones entre el individuo y la sociedad.

Este artista alternó grandes visiones de paneles macabros, imágenes misteriosas y también dimensiones de escenas más modestas pero sin dejar de lado lo temido de observar una obra oscura y llena de desgarradoras escenas, como lo es el caso de otra de sus obras que contiene la imagen quizás más desgarradora de toda la serie, un perro se está hundiendo en las arenas movedizas, su hocico inocente y sorprendido emergen aún, pero dentro de poco será definitivamente succionado y olvidado, sepultado en un opaco escenario de marrones grisáceos, bajo un cielo plomizo e inmenso, sin profundidad ni memoria; parecido al recuerdo del venezolano, ese ser que lucha por construir un país a pesar del ahogo y el sentimiento de estar atrapado ante un lodo arenoso político, que trasciende más allá de sus fuerzas en querer sobrevivir y, cada vez al hacer un movimiento de sobrevivencia retrocede diez de pobreza.

Roma F. Sarmiento F. – @roma_sarmiento

 

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Columnista

Roma F. Sarmiento F.

Roma F. Sarmiento F.

Docente, Curadora de arte y especialista en Museografía, Museología, con más de veintisiete años en ámbito cultural venezolano.