Cultura

Construir Museos desde la didáctica

Roma F. Sarmiento F.

Durante mis años en la profesión de Museología siempre sentí la obligación de explicar que este oficio no es tan fácil como muchos creen, quizá porque normalmente se piensa que el “colgar obras” es sencillo y sin mucha técnica, con solo colocarlos en una pared en buen estado unos al lado del otro, por tamaños o color y/o utilizar las herramientas clavo y martillo, es suficiente para realizar una exposición de arte. Pues, como cualquier otra profesión obtener este resultado no es tan sencillo para los que piensan que en práctica lo representa.

Comienzo por señalar que la museística, disciplina que estudia todo lo relativo a los museos, tiene dos grandes ramas: la museología y la museografía. La primera, denominada “museología”, se ocupa de reflexionar sobre los museos de una forma global. En este sentido, el concepto de museología es inclusivo, ya que acoge toda reflexión sobre el museo, la sociedad, su interacción e incluso su gestión y funcionamiento. Para mí en mis años de labores en las instituciones museísticas siempre me pareció interesante reconocer las distintas misiones de cada museo, su perfil, misión, colecciones y hasta reconocer el público al cual van dirigidas sus exposiciones, tomando en cuenta todo aquello que llamamos Patrimonio Cultural, más específico, me refiero a las obras que se custodian en sus bóvedas.

Por el contrario, el concepto de museografía es mucho más concreto, puesto que se refiere a la actividad, disciplina o ciencia práctica, según se considere, que tiene como objeto principal las exposiciones o lo que yo llamo “la puesta en escena”, “el resultado”, de un trabajo a través del diseño, guiones museológicos, curadurías, investigaciones para la intervención de espacios patrimoniales con la intención de facilitar su presentación y comprensión de una obra de arte.

El campo de la museografía, por lo tanto, aunque es mucho más concreto se extiende más allá del propio museo como institución, ya que las exposiciones no se circunscriben estrictamente a los museos, así como las técnicas propias de la museografía pueden ampliarse no solo a edificios o conjuntos patrimoniales como tales, sino incluso a ciudades y grandes espacios naturales, es decir, cualquier espacio es museable.

De acuerdo a esto, la museología suele proporcionar los guiones del museo, es decir, aquellas ideas, conceptos o sistemas conceptuales que es preciso transmitir indistintamente de cómo se haga. Por el contrario, para la museografía es precisamente el cómo se hace, es lo que importa, resulta fundamental elaborar un “producto” accesible a público muy variado, lo más variados y amplios posible. Es decir, realizar exposiciones que sean comprensibles, que dejen un mensaje plástico o un discurso donde el artista transmita a través de sus lienzos, es donde precisamente interviene el concepto de la didáctica.  Por tal razón, la museografía didáctica no concibe la exposición como una experiencia solamente estética, tanto que el diseño y/o la arquitectura no son museografía -y aquí pido disculpa a mis amigos arquitectos, que probablemente puedan pensar que son museógrafos-, aun cuando se reconoce que son elementos auxiliares fundamentales para el feliz término de una exposición.

La museografía didáctica la concebimos como un espacio tecnológico relacional, donde las aportaciones y saberes le dan sentido, en tanto a que incide en la acción o en la creación de los artefactos, módulos, paneles, sobre pisos o productos museográficos (dispositivo). Esto implica por definición un espacio básicamente interdisciplinar, es decir, cuanto más conocimiento tenga el museógrafo sobre el objeto de estudio a musealizar, tanto mayor será la efectividad de respuestas a los diversos retos que se planteen.

El objeto de la museografía didáctica es mostrar, dar a conocer, comunicar diferentes objetos no solo de estudio sino de apreciación, de su movimiento plástico, a un determinado horizonte destinatario. Siendo pues, la disciplina instrumental para enseñar y educar, el museo debe emplear las técnicas de la museografía didáctica o deja de ejercer una de sus funciones fundamentales, que es la de enseñar eficazmente el máximo número de cosas o apreciaciones de una obra de forma rápida y divertida.

La museografía didáctica aspira a educar eficazmente y de una forma lúdica al público observador. Por estas razones hay que estimular el pensamiento racional, pero también las emociones y los sentidos. Debe haber un tiempo para pensar, otro para sentir, experimentar y otro para emocionarse; esto es la clave para lograr que el público vuelva al museo, que recuerde la exposición como un grato recuerdo y no como una experiencia de sin sentido, por ello es muy importante

que el guion museográfico debe ser trágico, cómico, descriptivo, analítico, lleno de color, interactivo, en función del tipo de museo y de mensaje (perfil y misión institucional) lo que se denomina, gerencia expositiva.

En resumen, para que una museología didáctica sea eficaz se debe tomar en cuenta lo siguiente: los mensajes deben ser sencillos y claros, definir bien lo que queremos transmitir y muy importante, no hay que temer, debemos simplemente mostrar todo de la misma manera, hay que adaptar los mensajes e invertir en ellos. De esta forma y con total seguridad lograremos una nueva categoría de público fiel.

Segundo, es importante considerar la preparación del museo para el público infantil, permitiéndole la cercanía a elementos “pensados” en que puedan ser atractivos para ellos, como por ejemplo, kits móviles susceptibles de ser desplazados por la sala, entre otros. Si nos da temor que toquen las vitrinas, hay que adaptar módulos con características especiales. Si no se les deja tocar, es probable que el museo no sea un sitio al que quieran regresar.

Tercero, los niños suelen tener una atención dispersa y no pueden verlo todo. Por ello, debemos seleccionar al menos diez objetos, si se trata de niños y/o de adolescentes, al momento de la presentación de objetos u obras emblemáticas, debemos introducir cosas curiosas, enigmas y objetos referidos y relacionados a su edad.

Cuarto, si en el museo hay textos de sala, se deben mostrar a los niños con eslóganes diferentes de los adultos, no hay que rehuir al humor, al color, a intercalar mensajes con una estética juvenil y desenfadada. Es importante, utilizar en los títulos de los textos los signos de interrogación: hacer preguntas, aportar respuestas, soluciones y opciones y dejarlas al aire para conseguir la atención de este especial público.

Quinto, en el museo hay que decirlo todo con pocas palabras, al igual que con la publicidad. Nunca emplear más de cincuenta palabras y no es necesario utilizar muchos lenguajes técnicos.

Sexto, todo lo que se pueda decir con imágenes, es mejor que decirlo con palabras.

Séptimo, no hay suficiente en ver y mirar, es necesario poder sentir, oler, comprobar y sentirse parte de la obra. ¿Qué nos impide que se oigan las olas del mar ante la obra Cocotero de Armando Reverón?, o tal vez, el dulce sonido de un bebé en la obra La joven madre de Arturo Michelena. Sin embargo, los elementos interactivos han de ser diseñados para comprender y aprender… no simplemente para distraer.

Octavo, las visitas guiadas no deben sobrepasar los 30 minutos, hay que organizar la acogida y prever que salgan con algo en las manos, material didáctico, publicaciones o  algún objeto elaborado por ellos en algún momento de la visita, pero sobre todo con información clara de todo lo que vivieron y recuerden la exposición como una grata experiencia.

Finalmente, una última recomendación para el público visitante: piensen que el museo vende autenticidad, que es el mundo de lo real frente a la ficción. No se puede admitir ni la falsificación ni el engaño, frente a un mundo donde la virtualidad sustituye a todos los otros mensajes, el museo es el mundo de lo real, de lo objetual, de lo concreto, que nos conduce a las abstracciones, a las emociones, las sensaciones y a las ideas.


Roma F. Sarmiento F.  –  @roma_sarmiento


 

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Columnista

Roma F. Sarmiento F.

Roma F. Sarmiento F.

Experta en museología. Docente. Investigadora. Más de 20 años en el ámbito del arte venezolano. Especialista en museología y museografía. Directora General de varios Museos en nuestro país tales como, Galería de Arte Nacional, Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez y Museo de Barquisimeto. Coordinadora General de proyectos especiales para exposiciones en el Instituto de las Artes de la Imagen y El Espacio.