Sociedad

Hacer lo que quieres

Roger Vilain
Escrito por Roger Vilain

“Allá en el fondo está la muerte”, escribió Julio Cortázar a propósito de un reloj. En el fondo, justo en lo más profundo de las cosas o los hechos  aguarda probablemente eso, la quietud, el sedimento con que termina siempre lo que hacemos.

Pienso en las tareas, en los encargos, trato de detenerme en el cúmulo de promesas que emite la gente a diario, en la cantidad de acciones que las circunstancias o los amigos o los jefes nos colocan en la palma de la mano y me digo hay que ver, fíjate cómo la mayoría vive hundida hasta el cuello en esa masa gelatinosa que es la rutina y sus pormenores. Yo, lo que soy yo, con cinismo y con descaro intento hacer lo que me da la gana. Que lo logre o no ése es otro asunto, pero desde que me conozco he tratado de no obviar la sentencia de Cortázar. Allá en el fondo está la muerte y se acabó, así que a despabilar, compañero, porque es hora de torcerle el cuello al cisne, como dijo el buen Darío.

Al fin y al cabo, aprendí que todas las veces es posible darle un mazazo a la lámpara, lo que no implica desprenderse de las necedades  que por lo visto harán de las suyas cada vez que puedan. Pero eso es lo de menos. Allá en el fondo está la muerte invitando a llevar a cabo ciertas renovaciones, o resurrecciones, que a estas alturas va resultando lo mismo. No sé si me explico.

Todo supone poner orden en el caos. Como la vida es un saco de gatos la tarea consiste en disminuir la entropía, asunto que desliza como anillo al dedo en la idea del argentino. Si allá en el fondo está la muerte lo demás es obvio: el inicio de una nueva vida, la irrupción del amanecer  -perdónenme el lugar común-  y, para ponerme ahora patético, la luz al final del túnel. ¿Me comprendes Méndez?

Desde mi adolescencia decidí llevar a cabo lo que me da la gana. Créeme, no es tan descabellado como suena si hacer lo que me da la gana equivale a dar un paso luego del final, después de la nada, allá en el fondo del reloj. Quién lo hubiera imaginado, cuántas visitas al psiquiatra, qué cantidad de valium, prozac o valeriana ahorran esas líneas de Julio el terapeuta. Míralo, dale la vuelta, conversa con la almohada y luego hablamos.

El otro día hablaba de estas cosas con un amigo de la infancia y me parece que no lo comprendió del todo. Por eso decidí escribirlo, transmutar la idea de aquella charla a negro sobre blanco, quién quita, a ver si doy en el clavo gracias al lápiz y el papel. Hacer lo que me da la gana pasa por meterme entre ceja y ceja eso que muchos lanzan por el inodoro: saber que allá en el fondo… y entonces mover el pie, dar el paso, coger impulso y milimétricamente comenzar a hacer lo que me da la gana, literalmente lo que me da la gana, a pesar de los pesares, es decir, a pesar de los relojes cuyos fondos quedan allá lejos, muy en el fondo la verdad.

Lo que soy yo, vuelvo y repito, procuro hacer lo que me da la gana.  No hay que negar que es una maravilla, lo mejor de lo mejor, de rechupete para más señas. Es cuestión de atreverse. Dar el paso y se acabó.


Roger Vilain  –  @rvilain1


 

Suscríbete a nuestro canal de Telegram aquí.

 

ElColumnero.com no se hace responsable, ni se solidariza, con las opiniones o aseveraciones que realicen los colaboradores en sus artículos de opinión.

 

Columnista

Roger Vilain

Roger Vilain

Licenciado en Letras (ULA), Magister Scientiae en Filosofía (UCAB). Investigador del Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad de Guayana. Autor de diversos trabajos especializados publicados en revistas nacionales e internacionales.