Política

Vocación democrática

Los cuarenta años de democracia de partidos políticos, de participación ciudadana y de empoderamiento de los estados y las regiones sembraron en la conciencia y los corazones de cada venezolano un acendrado nacionalismo y un profundo sentimiento democrático. En efecto,  si vemos en retrospectiva el periodo venezolano 1958-1999, descubriremos que, al lado de los logros sociales y la reivindicaciones de esa época, los dos valores que indicamos al principio de nuestra disertación de esta semana -nacionalismo y democracia- quedaron en lo más recóndito de cada hogar criollo.

Estas dos décadas de oprobio militar-civilista, más marcado de lo primero que lo segundo,  han traído a la nación una suerte de sobresalto y desesperanza propio de esos tiempos caudillescos decimonónicos que creíamos superado en nuestro trajinar diario.  Una sucesión de hechos, las dificultades económicas de finales del siglo XX, la ausencia de “aggiornamiento” del modelo político y los ataques de sectores económicos interesados en el poder político nacional trajeron los lodos que hoy vivimos en una Venezuela dividida y carente de las mínimas condiciones para el común de los ciudadanos.  El fracaso de los improvisados de 1999, quienes con populismo y corrupción, con caudillismo y centralización,  han pretendido destruir la esperanza e ilusión de más de 30 millones de venezolanos que apostaron a un cambio y fueron defraudados por los oportunistas del 4 de febrero de 1992 y sus adláteres.

Sin embargo, bien lo expresó Henry Ramos Allup, cuando muchos confundían la estrategia con los objetivos,  que la participación en las elecciones a gobernadores debía ser un hito en la lucha por el rescate de la democracia venezolana. Así fue. Aunque muchos líderes del teclado y defensores del régimen atacaron su propuesta, toda la Unidad Democrática comprendió,  a su tiempo, que el éxito en las regiones provendría de la selección adecuada de candidatos y la Unidad perfecta en cada estado. El régimen pensó podría ganar las regionales con trampa y argucias, pero a seis días del proceso todo  muestra lo contrario.

Esa vocación democrática de nuestro pueblo encuentra su cauce. Votar en las regionales por los candidatos de la Unidad Democrática significa acercarse a la salida del oprobioso régimen que nos “mal gobierna”. El 15 de octubre tenemos la palabra, depende de nosotros.


Rafael Martínez N.  –  @rafaelmartinezn


 

 

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Columnista

Rafael Martínez Nestares

Rafael Martínez Nestares

Economista (UCV). Maestría en Planificación (CENDES). Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas. Articulista de El Universal en su versión digital. Fue Secretario General de Gobierno de la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Profesor Universitario. Presidente del Instituto de Estudios Iberoamericanos, en Caracas (Venezuela) y Editor-Asociado de las revistas arbitradas: Estudios Iberoamericanos y Arbitraje Universitario. Miembro del Programa de Promoción al Investigador. Miembro del Comité de Revistas de Ciencias Sociales de Iberoamérica.