Política

Libertador

En los tiempos que nos ha tocado vivir en Venezuela a principios del siglo XXI, cabe voltear la mirada y releer no solo nuestra historia, sino replantear nuestros orígenes, nuestro proyecto de nación, nuestro imaginario patrio… Sin lugar a dudas, no como visión única de país, proyectada desde el régimen, cosa que se ha pretendido desde 1999, sino como reflexión particular y colectiva, que nos permita «renacer de nuestras cenizas».

Pareciera que este volver a hacer una lectura patria de nuestra situación actual, desde una visión más amplia e incluyente, constituye un acto de suyo, contrarrevolucionario.

Revoluciones van y vienen, pero el hambre del pueblo no se llena con discursos ni congresos ideológicos partidistas.

El hambre se llena con un discurso libertario que, vincule de nuevo al pueblo junto a una esperanza, con la realidad cotidiana. Es imposible burlar las necesidades de tantos venezolanos que día a día tratan de paliar sus mínimas necesidades básicas. Por ello, es inminente un respeto por parte de los dirigentes en funciones de gobierno en relación con los ciudadanos de a pie. Este respeto parte de entender que los más pobres no pueden «pagar los platos rotos» de un modelo populista, que ha dejado dudas entre muchos sobre su eficacia pues, «dar el pan, sin enseñarnos a pescar» puede haber estimulado a algunos a aprovechar los programas sociales para hacerse en beneficio propio, haciendo estrecho el margen entre el necesario auxilio público a los más necesitados y, el beneficio personal para una «boliburguesía» nacida y fortalecida en estos tres lustros de «patria segura».

Pensar en lo que somos y de dónde venimos, nos lleva al principio de nuestra historia patria independiente. Nos remonta a la epopeya de Simón Bolívar, paralelamente con las intrigas que sobrevinieron a su vida pública y personal. Una sociedad independiente, una Gran Colombia con una retahíla de líderes locales interesados en sus propias miserias humanas e intereses subalternos, cualquier parecido con nuestra realidad es pura coincidencia.

Nuestra nación debe revivir ese ideario bolivariano, que pasa por reconstruir nuestras alianzas comerciales y económicas con los países de la Comunidad Andina juntamente con el replanteamiento en el momento actual de la proeza independentista de decenas de miles de mujeres y hombres que en una nueva campaña admirable construyamos una nación, con mayúscula.

Europa pudo crear una unión económica y política que hizo de la moneda única comunitaria, sumado a un conjunto de aciertos relativos, lo que hoy la constituye en una contra fuerza internacional. Ahora los Brics pretenden establecer un nuevo contrapeso.

Por qué ha desperdiciado estos años el «régimen revolucionario» para encararnos «lo bolivariano» en todo, sin percatarse que con ello, muy probablemente, se ofende el nombre del más grande de los hijos de Caracas, de América… «¡Héroe, semidiós, gigante, coloso del mundo infante, cuyo glorioso laurel eterniza ya el pincel en láminas de diamante (sic)…!» como escribía un poeta en su «Elegía a Bolívar». 

Con un «bolívar fuerte» que realmente dista mucho de serlo, como lo fue otrora nuestra moneda nacional y una situación económica que malogra al pueblo de mestizos, mulatos,  zambos, indios y blancos, que somos herederos de esos guerreros libertarios de América…

Queda mucho por construir y redefinir en una sociedad complotada contra sí misma… Rescatemos ese sentir que nos permitió independizarnos en esas gestas heroicas. Abandonemos el personalismo y la miseria de espíritu… Es la hora patria.


Rafael Martínez N.  –  @rafaelmartinezn


 

 

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Columnista

Rafael Martínez Nestares

Rafael Martínez Nestares

Economista (UCV). Maestría en Planificación (CENDES). Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas. Articulista de El Universal en su versión digital. Fue Secretario General de Gobierno de la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Profesor Universitario. Presidente del Instituto de Estudios Iberoamericanos, en Caracas (Venezuela) y Editor-Asociado de las revistas arbitradas: Estudios Iberoamericanos y Arbitraje Universitario. Miembro del Programa de Promoción al Investigador. Miembro del Comité de Revistas de Ciencias Sociales de Iberoamérica.