Política

Espejo retrovisor

Nadie conduce un vehículo mirando por el espejo retrovisor, salvo que vaya de retroceso ó que esté maniobrando para aparcarlo. Para eso tienen espejos retrovisores los automóviles. La analogía que quiero presentar a nuestros amables lectores esta semana va en la dirección de comparar una cierta “manía” que los gobiernos venezolanos, por denominarla de alguna forma han tenido a lo largo del tiempo, sobre todo los regímenes militaristas, o cívico-militaristas como gustan llamarse algunos por estos tiempos. En efecto, me percaté en días pasados que yo no era el único que percibía esta desviación del discurso y la acción, en una suerte de distracción retrospectiva. En el excelente trabajo fílmico de los cineastas Antonio Llerandi y Belén Orsini, se recoge la historia del escritor, dramaturgo, guionista y novelista José Ignacio Cabrujas, uno de los personajes más importantes de la cultura venezolana en el siglo XX. Salvando las distancias entre esta atropellada crónica y la obra del maestro, escuchamos en la pantalla, de viva voz de Cabrujas, que Venezuela, sus gobiernos, constantemente vuelven al pasado y nuestros héroes, como tragedia distractiva del acontecer cotidiano. Allí encajan, lamentablemente, todo el recuento de epopeyas, reales o ficticias, de las que hemos sido y somos bombardeados constantemente. La historia patria tiene un valor de origen: las luchas, los éxitos y fracasos patrios, de ahí proviene la Venezuela en que vivimos. Sin embargo, nada hacemos con el pasado. Nada hacemos con venir de una raza aguerrida y libertaria si vivimos bajo el yugo de la tiranía.

De nada sirve recordar a nuestros héroes. Las circunstancias en que vivieron respondían a un contexto geopolítico y social muy particular. Como diría Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”. Este “raciovitalismo” es, sin duda alguna, el lugar de partida de nuestro momento histórico actual. No hay, ni habrá cambio mientras sigamos poniendo nuestra mirada en el Panteón Nacional, en las Plazas Bolívar de cada pueblo o ciudad, o el “cuartel de la Montaña”. La clave del cambio de nuestra sociedad se encuentra en la organización popular que siente y se conecta con una verdad patria. Un rescate justo de lo que somos y queremos ser. Nadie puede conducir el automóvil del progreso, el crecimiento y el desarrollo de nuestra nación con la mirada puesta en lo que fuimos o quienes fueron nuestros próceres. La organización popular en cada caserío, pueblo, cuidad, estado tiene un valor en el hoy de nuestro adormecido pueblo. Una suerte de hipnotismo en la libertad que no nos hace libres; en una independencia que no nos hace prósperos sino dependientes de la renta del suelo o del yugo de los convenios escritos u ocultos que desde las alturas maquinan y pactan quienes la entregan y nos someten tras 18 años de régimen…


Rafael Martínez N.  –  @rafaelmartinezn


 

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Columnista

Rafael Martínez Nestares

Rafael Martínez Nestares

Economista (UCV). Maestría en Planificación (CENDES). Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas. Articulista de El Universal en su versión digital. Fue Secretario General de Gobierno de la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Profesor Universitario. Presidente del Instituto de Estudios Iberoamericanos, en Caracas (Venezuela) y Editor-Asociado de las revistas arbitradas: Estudios Iberoamericanos y Arbitraje Universitario. Miembro del Programa de Promoción al Investigador. Miembro del Comité de Revistas de Ciencias Sociales de Iberoamérica.