Política

Construir muros

Nadie podría pensar que el siglo XXI traería nuevas barreras entre los pueblos.  La promesa electoral del hoy presidente Donald Trump, referida a la construcción de una “muralla” entre México y Estados Unidos parece ficción. Sin embargo, es un hecho cierto.  Con la firma del presidente Trump se inicia la construcción de un “muro” entre ambos pueblos. No es difícil entender dicha postura si recordamos sus promesas electorales y si tomamos en cuenta que el gasto público de los Estados Unidos se financia de los impuestos de sus ciudadanos.  No viven de la renta cobrada por la extracción del petróleo o del arco minero como el caso venezolano.  Estados Unidos calcula su presupuesto gubernamental a partir de la estimación de los impuestos que pagarán sus contribuyentes. En ese contexto se comprende la disminución del financiamiento a las Naciones Unidas.  La política pública del nuevo presidente va en la dirección de preservar lo recaudado por los contribuyentes en beneficio de la actividad económica nacional. En otras palabras, Estados Unidos para los estadounidenses. Pero… ¿construir un muro limítrofe entre dos naciones? Parece un exceso de nacionalismo que puede no corresponderse con un  mundo globalizado. Si vemos el panorama internacional, también el BREXIT fue una demostración de defensa de Gran Bretaña respecto a la Unión Europea. La propuesta de un referéndum en Cataluña para escindirse del Reino de España es otra parecida necesidad de “salirse” para conservar “sus nacionalismos”. Todas estas posturas de los países o regiones mencionadas tienen su valor pero cabe la pregunta: ¿separarse es, crear muros reales o virtuales, para mantenerse seguros en nuestro espacio fiscal, económico o cultural propio y distinto de los otros? A mi juicio, no estamos prestando demasiada atención a lo que ocurre en torno a nosotros. Pareciera que, los esfuerzos integradores del siglo XX y las instituciones creadas para reunir al concierto de naciones, no están respondiendo eficientemente ante las grandes preocupaciones de los ciudadanos.  Tal vez, las observamos como instrumentos burocratizados con escasa capacidad de respuesta ante las importantes preocupaciones internacionales.  La flexibilidad de sus estructuras y una eficiente reingeniería podría permitir que, quienes más aportaban a su financiamiento, puedan nuevamente “vender” entre sus connacionales la necesidad de suministrar su apoyo a las mismas.

Ejemplo de ello lo descubrimos en nuestra patria por el muro que existe entre nación y gobierno.  Recientemente, en República Dominicana, reunidos los presidentes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños  (CELAC) manifestaron su apoyo al diálogo entre Unidad Democrática y el régimen venezolano. La ausencia de diálogo es ciertamente  una manera  de bloquear cualquier contacto con el otro.  Por ello, no dialogar es establecer el muro de la incomprensión. Es clara la desconfianza y más aún la muestra de poca sinceridad del régimen.  Parece que más tuviera que perder el, aparentemente, más débil. Por eso no podemos continuar sin reconciliarnos. El delirante discurso de la ofensa, el odio y la guerra ha contribuido a destruir los valores de solidaridad de nuestros compatriotas.  Debemos construir un país de nuevo. Todos vamos a hacer falta. No establezcamos barreras entre nosotros. Depende de todos.


Rafael Martínez N.  –  @rafaelmartinezn


 

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Columnista

Rafael Martínez Nestares

Rafael Martínez Nestares

Economista (UCV). Maestría en Planificación (CENDES). Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas. Articulista de El Universal en su versión digital. Fue Secretario General de Gobierno de la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Profesor Universitario. Presidente del Instituto de Estudios Iberoamericanos, en Caracas (Venezuela) y Editor-Asociado de las revistas arbitradas: Estudios Iberoamericanos y Arbitraje Universitario. Miembro del Programa de Promoción al Investigador. Miembro del Comité de Revistas de Ciencias Sociales de Iberoamérica.