Política

60 años: más y mejor democracia

El 23 de enero de 2018 conmemoramos los sesenta años del fin de la última dictadura venezolana del siglo XX. En efecto, en la madrugada de ese día salía de Venezuela el dictador Marcos Pérez Jiménez. La seguridad nacional. El asesinato de líderes de los partidos políticos en la clandestinidad, además de la pérdida del plebiscito de 1957, fue el culmen de su salida de la historia patria. Luego, los tribunales y la persecución por malversación y peculado, fueron su destino. Las rejas lo esperaron, aunque su exilio en Madrid, bajo la tutela del franquismo, permitió que gozara de su estadía lejos de su tierra.

La democracia nació tras esa fecha. Prevaleció. La alternabilidad democrática, junto a la paz social  y la nacionalización petrolera generaron una importante riqueza nacional y el establecimiento de una amplísima clase media que, junto a la creación de una extensa masa profesional universitaria -por el surgimiento de universidades nacionales- favoreció el mejoramiento de los venezolanos de punta a punta del país. Desde Guayana a Táchira; desde La Guaira a Apure, podían nuestros jóvenes encontrar un futuro mejor consiguiendo lograr sus metas profesionales que, en consecuencia, mejoraría su calidad de vida y sus ingresos.

El desarrollo del sistema hospitalario nacional y los sistemas masivos de vacunación permitieron equiparar los estándares de vida de nuestros compatriotas a los de muchos países en vías de desarrollo.

A finales del siglo XX, si bien la inestabilidad política generó dificultades sociales que probablemente no fueron “atajadas” apropiadamente por la clase política de aquél momento. Sin embargo, la descentralización político-territorial permitió la cercanía del poder a los ciudadanos, logrando por primera vez la elección de alcaldes, concejales, gobernadores y legisladores regionales, dándole así “más poder” al ciudadano, “al pueblo”, como gustan citar en el lenguaje político actual.

Estos veinte años de principios del siglo XXI han prefigurado la continuidad, sin alternabilidad democrática, de un modelo o “proyecto” político que pretende ser hegemónico y excluyente. Prácticamente el pensamiento diferente es “perseguido” y, a veces, pareciera penalizado por la “ley” pensar o actuar distinto al discurso dominante.

El cierre de medios de comunicación, la censura o autocensura dista mucho de los principios básicos de la libertad pregonada por la democracia. No basta la convocatoria electoral para decir que el estado venezolano es democrático. Las elecciones pudieren ser un fraude que oculta procesos oscuros de designación popular de funcionarios.

El 23 de enero de 2018 conmemoramos 60 años. Más y mejor democracia queremos  los venezolanos. Depende de nuestra actitud que esta premisa sea realidad…


Rafael Martínez N.  –  @rafaelmartinezn


 

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Columnista

Rafael Martínez Nestares

Rafael Martínez Nestares

Economista (UCV). Maestría en Planificación (CENDES). Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas. Articulista de El Universal en su versión digital. Fue Secretario General de Gobierno de la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Profesor Universitario. Presidente del Instituto de Estudios Iberoamericanos, en Caracas (Venezuela) y Editor-Asociado de las revistas arbitradas: Estudios Iberoamericanos y Arbitraje Universitario. Miembro del Programa de Promoción al Investigador. Miembro del Comité de Revistas de Ciencias Sociales de Iberoamérica.