Cultura Política

Los fieles hasta el fin

RAFAEL MARRÓN G.
Escrito por RAFAEL MARRÓN G.

Bolívar se muere en una sofocante habitación mal ventilada y pobremente amoblada, ya había puesto su  alma en paz con la bendición del ¨…humilde cura de Mamatoco, Hermenegildo Barranco, que oyó su confesión y  le suministró la comunión, asistido por sus acólitos y unos pobres indígenas¨ (Próspero Reverend).  El cura había entrado a la habitación del gran hombre con sus ayudantes portando el Santísimo y  velas encendidas, el Libertador, con un ademán imperioso, les espetó: ¨Saquen esas luminarias que esto parece procesión de ánimas¨. La gente salió llorando. Un ambiente de tristeza humedece la estancia. Reverend llama a los amigos fieles hasta el fin:  “Señores,  sí queréis presenciar los últimos momentos y postrer aliento del Libertador, ya es tiempo¨.  Es  la una de la tarde. Los amigos que hasta el fin permanecen con Bolívar en su postrer aliento, además del General Ignacio Luque, del Comandante Centeno y del comandante  Juan Glen y de José Sardá,  Lucas Menéndez, José María Molina, Julián Infante y Pedro Rodríguez, son:

FERNANDO BOLÍVAR TINOCO:

El hijo del desgraciado Juan Vicente, sobrino predilecto del Libertador, quien lo envío a educarse en la Universidad  de Jefferson en los Estados Unidos, Fernando  regresó  a Venezuela  en 1828, pero en Julio o agosto parte para  Bogotá reunirse  con su tío, y desde ese momento se convierte en  su edecán, secretario privado, correo confidencial y confidente; estuvo  presente  en  el  Palacio de  San  Carlos  cuando  el atentado  del  25 de septiembre, y lo acompañó en  San  Pedro Alejandrino  en el trance supremo de su muerte.  “He  quedado huérfano  por  segunda  vez”, diría ante  el  cadáver  de  El Libertador.  Páez  le negó el derecho a formar  parte  de  la comisión que repatriaría los restos de su tío. Fernando murió en Caracas el 27 de octubre de 1898 a los 88 años.

JOSÉ PALACIOS:

El inseparable mayordomo, que adolescente juró, según la tradición, ante el lecho de muerte de doña María Concepción, que no se separaría de Simón, y lo cumplió. Era un negro liberto de los Palacios, nacido, probablemente, en 1770, acompañó a Bolívar en sus viajes y campañas militares, por estar enfermo en la casa de Gobierno salvó su vida la noche del atentado septembrino. Se cuenta que acompañó al joven Bolívar a Europa y a Estados Unidos, estuvo en la Nueva Granada y en Jamaica, fue Sargento Primero en Carabobo, y marchó con el ejército expedicionario del Sur. Fue el administrador de los gastos personales del Libertador, llevaba sus  cuentas y estaba a cargo del palacio de la Magdalena Vieja, residencia del Libertador-Presidente. Bolívar le regaló unas espuelas de oro con las que deslumbraba  a las damas del pueblo en las corridas de toro a las que era aficioando. En Santa Marta, no se separó un instante del lecho de muerte. Bolívar lo incluyó en su testamento legándole ocho mil pesos “en remuneración a sus constantes servicios”.   Cuando los restos de Bolívar llegaron a Caracas en diciembre de 1842, estaba presente, cumpliendo su juramento.  Allí se pierde su rastro. Se presume murió dos o tres años después a la posible edad de 75 años.

MARIANO MONTILLA:

El poeta Antonio Arraiz en su obra “Culto Bolivariano”, refiere la siguiente anécdota: “Desde 1814 el teniente coronel Mariano Montilla era rival secreto de Bolívar y su enemigo descubierto desde la desgraciada jornada de La Puerta. Valiente, joven de ilustración y de riqueza, empeñado en la lucha desde la aurora del 19 de abril, sus talentos y servicios le daban ciertamente títulos a la más distinguida estimación, pero su vanidad exaltó su alma a una inmoderada pretensión, y suscitó desagrados, se le opuso resueltamente en Cartagena, en 1815, apoyando al Brigadier Castillo, que se negó a obedecer las órdenes del Libertador, y finalmente en Haití, en 1816, le envió un cartel de desafío, y no convino en aceptarlo como jefe de la Expedición de Los Cayos. En 1819, el coronel Montilla, de quien no sabemos nada desde entonces, había vuelto de su voluntario ostracismo de Margarita, y se incorporó a la división que organizaba Urdaneta, en calidad de Jefe del Estado Mayor, destino en el cual lo confirmó el Libertador con el ascenso a Coronel vivo y efectivo. Vino luego a Angostura a tomar parte privada en las conversaciones del Congreso, en lo que se comportó con patriotismo y cordura, desvaneciendo la idea de que en Bolívar y él pudiera haber restos de enemistad personal. Aún se hallaba en Angostura cuando el Libertador regresó de la Nueva Granada, y fue de los militares que en el cuerpo le felicitaron. Bolívar divisó a Montilla, a quien no veía hacía mucho tiempo, airoso siempre y simpático; al despedirse el numeroso cuerpo militar le instó a que permaneciese un rato más. Apenas solos, separándose el Libertador de toda etiqueta oficial, expresó a su amigo sus sentimientos con demostraciones de la más cordial y positiva confianza”. Mariano Montilla referiría más tarde:  “Nunca tuvo más imperio la voz de bolívar que en aquel instante de nuestra entrevista: era irresistible, y él mismo haciéndome derramar dulce lágrimas, las derramaba también”. Al notificar la muerte de Bolívar escribió: “El excelentísimo señor Simón Bolívar ha pagado hoy a la naturaleza el precioso tributo de si importante vida”. Montilla murió en Caracas el 22 de septiembre de 1851 a los 69 años. Era un año mayor que el Libertador.

JOSÉ LAURENCIO SILVA:

Incansable soldado de la libertad, sirvió durante diecinueve años en el Ejército Libertador, desde su  iniciación en El Tinaco como subteniente en 1810 hasta su ascenso a General de División, en la Batalla de Tarqui, bajo el mando de Sucre. Fue uno de los 150 héroes de las Queseras del Medio. Tuvo el honor de combatir en Carabobo, Bombona, Junín y Ayacucho, en esta última acción recibió tres lanzazos. Fue uno de los albaceas testamentarios y fideicomisarios del Libertador, que fue sepultado con una  camisa suya. Silva era trigueño, nacido en el llano venezolano, y en ocasión de un fiesta  en Potosí invitó a bailar a una linajuda dama que lo rechazó, Bolívar se dio cuenta del desaire y tomándolo del brazo bailó con él. Ya en Caracas se casó con una hermana de Fernando Bolívar, sobrina del Libertador. Se dedicó a faenas agrícolas, intervino en aisladas acciones contra Páez y Zamora, y muere en Valencia, el 27 de febrero de 1873, a los 81 años.

JOSÉ MARÍA CARREÑO:

Héroe de la independencia nacido en Cúa, Estado Miranda, en 1792, cooperó con Bolívar en la Campaña del Magdalena, en 1812,  en la Batalla de Cúcuta, el 28 de febrero de 1813, y en la Campaña Admirable que culminó con la entrada de Bolívar a Caracas el 6 de agosto de 1813.  Actuó en la Batalla de Cerritos Blancos, Barquisimeto, el 13 de septiembre de 1813, en la que recibió catorce heridas de lanza, cuchillo y balas, nueve de las cuales podían considerarse mortales, una le abrió el cráneo, otra le perforó un pulmón y le destrozó el omoplato,  y  perdió completamente el brazo izquierdo, pero al enterase de que Bolívar planeaba dirigir en persona la batalla  Primera de Carabobo, el 28 de mayo de 1814,  pidió ser dado de alta y se presentó al combate con el grado de Mayor que le confirió el Libertador. Parecía un espectro, pálido, mutilado,  pero al sonar el clarín la vida le inundó y su arrojo encendió el valor de sus camaradas. Acompañó a Bolívar en la Campaña de Guayana y recibió otra herida en una emboscada en el sitio de Quiamare cerca de Angostura; y combatió en los llanos al lado de Páez, y con Mariano Montilla liberó Cartagena,  y continuó con Bolívar en la Campaña del Sur, y, después de la guerra, Páez lo integró a  la delegación que repatriaría  los restos del Libertador a Caracas en 1842, y los caraqueños decían que “los restos de Carreño iban a buscar los restos de Bolívar”; y ya General de División, en la paz, ocupó interinamente la Presidencia de la República por la renuncia del doctor José María Vargas. Murió, a los 57 años, en Caracas el 14 de mayo de 1849.

JOSÉ DE LA CRUZ PAREDES:

Fue uno de los niños héroes de la Independencia a la que se incorporó cuando contaba 14 años, el 15 de mayo de 1811. Había nacido en Nutrias, Estado Barinas, el 3 de mayo de 1797, y alcanzó durante la guerra el grado de Coronel, fue ascendido al generalato por Julián Castro y Falcón lo ascendió a General en Jefe, en 1863.  Fue uno de los ciento cincuenta lanceros de las Queseras del Medio y actuó en la Toma de las Flecheras, teniendo en ambos casos a Bolívar como espectador, y en 1821, después de Carabobo, se le asciende a capitán reconociéndole la antigüedad desde 1818 e inmediatamente se le eleva a Teniente Coronel y entra a formar parte de la guardia del Libertador como Jefe del escuadrón de lanceros y parte a la Campaña del Sur distinguiéndose en varios combates bajo las órdenes del general Sucre y participa en la Batalla de Ayacucho. Después de la muerte de Bolívar, apoya a Urdaneta en su breve dictadura colombiana y regresa a Venezuela, se dedica a labores agrícolas, participa con Páez contra Monagas en 1848, y muere en Cartagena, Colombia el 24 de agosto de 1876, a los 79 años.

MIGUEL ZAGARZAZU:

Natural de Cagua, Estado Aragua, donde nació el 29 de septiembre de 1795, se incorporó al ejército patriota a los 17 años, en las filas de Miranda Luego de la caída de la Primera República volvió al Ejército en 1813 y estuvo en los combates de Araure, La Victoria, San Mateo y La Puerta. En la Campaña de Oriente, participó en las batallas de Aragua de Barcelona, Maturín, Magüeyes y Urica. En el año de 1816 combatió en El Alacrán  y en El Juncal y el año siguiente pasó a Guayana, donde a las órdenes del general Manuel Piar combatió en la batalla de San Félix y en el sitio de Angostura. En diciembre de ese mismo año fue herido en la batalla de La Hogaza. Recuperado, se dirigió a los llanos y combatió en 1818, en Calabozo y El Sombrero y más  tarde en Semén, donde nuevamente fue herido de gravedad. En la batalla de Carabobo formó parte del batallón Bravos de Apure, con el grado de capitán,  al cual había ascendido desde 1818. Elevado al grado de teniente coronel fue condecorado con la Orden de los Libertadores. En 1823 participó en el sitio y Toma de Puerto Cabello. Permaneció fiel a la causa grancolombiana, por lo cual tuvo que asilarse en la isla de Curazao. De ésta pasó a Santa Marta adonde llegó el 6 de diciembre de 1830 y  presenció la muerte del Libertador, y en un Diario que llevaba dejó consignado lo que ocurrió durante aquellos días en Santa Marta y la vecina hacienda de San Pedro Alejandrino. En 1862, siendo ya general, fue nombrado secretario general del Departamento de Guerra, durante la dictadura del general José Antonio Páez. Murió en Caracas el 2 de diciembre de 1862, a los 67 años.

TRINIDAD PORTOCARRERO:

Nació en Valencia, en 1796 y murió en la epidemia de cólera que azotó esa población, en 1855, a los 61 años. Desde 1816 sirvió bajo las órdenes del Libertador y participó en la Expedición de Los Cayos, en las batallas de Pantano de Vargas y Boyacá, en 1819, y en Carabobo en 1821. Combatió en Bomboná y fue de los vencedores de Junín y Ayacucho. En 1830 fue ascendido a General de Brigada aunque ya actuaba con ese grado, y apoyo la dictadura de Urdaneta en Colombia. Viajó a Santa Marta para asistir al Libertador en sus últimos momentos. Regresó a Venezuela, participó en la Revolución de las Reformas y defendió a los Monagas contra Páez. murió en su ciudad natal, víctima de la epidemia de cólera, en 1855, a los 59 años.

ANDRÉS IBARRA:

Hermano del general Diego Ibarra y sobrino del marqués del Toro, nació en Caracas el 17 de agosto de 1807, ingresó tardiamente a la guerra de la Independencia por encontrarse con su familia en Europa y los Estados Unidos, sin embargo, en 1827, forma parte del cuerpo de Edecanes del Libertador y fue uno de los heridos por salir en su defensa durante la noche del atentado del 25 de septiembre de 1828. Acompaña a Bolívar en su lecho de muerte y es uno de los defensores de la unión grancolombiana. De regreso a Venezuela participa en la Revolución de las Reformas que derroca a Vargas y derrotado por Páez se refugia en el extranjero hasta 1845 cuando le son devueltos sus honores militares. Su hija Ana Teresa fue la esposa de Antonio Guzmán Blanco, por donde le viene lo bolivariano al autócrata civilizador. Murió como General de Brigada, en Caracas, el 23 de agosto de 1875, a los 68 años.

BELFORD WILSON:

Hijo  de Sir Robert Wilson, político liberal inglés, que lo envío a Suramérica en 1822 para que sirviera a las órdenes de Bolívar, que lo recibió en Perú y lo nombró su  Edecán. A pesar de los celos de O´leary, el joven Wilson se mantuvo permanentemente a su lado cumpliendo importantes y delicadas misiones diplomáticas confidenciales, como cubrir la enorme distancia entre  Lima y Chuquisaca  en solo 19 días, para entregar  el proyecto de Constitución de Bolivia. Cuando Bolívar se entrevistó con el general Páez en Venezuela a finales de 1826, llevó como único acompañante a este fiel amigo de su pensamiento y obra. Durante su estancia en Venezuela el Libertador dictó a Wilson  sus Memorias, por lo menos hasta Carabobo. A mediados de 1828 viajó a México, Estados Unidos e Inglaterra publicando en los periódicos de esos países importantes artículos en los que explicaba la posición política del Libertador y la situación de la Gran Colombia. Regresó en enero de 1830 y se incorporó al servicio de Bolívar.  Fue uno de los fieles testigos de  la muerte del Padre de la Patria. Tal su entrega a Bolívar, que al morir éste, se enfermó gravemente. En su testamento, en la Cláusula 12, dice el Libertador: ¨Mando que mis albaceas den las gracias al señor General Sir Robert Wilson por el buen comportamiento de su hijo, mi Edecán, el Coronel Belford Wilson, que tan fielmente me ha acompañado hasta los últimos momentos de mi vida¨.  Wilson murió en Inglaterra en 1858, a los 54 años, honrado con el título de Caballero de la Orden del Baño.

PRÓSPERO REVEREND:

Próspero Reverend ha pasado a la historia de América como el médico que atendió a Bolívar en sus últimos días de vida. Nació en Failaise, una aldea de Calvados, en  Normandía, el 14 de noviembre de 1796. En ninguna Universidad europea, ni francesa en particular,  existe constancia ni siquiera de su inscripción en algún curso de medicina. Tampoco existe evidencia oficial de su relación con las Escuelas de Salud creadas por la Revolución Francesa para paliar la crisis hospitalaria de la época. Su contacto con la  medicina debió ocurrir durante su estadía en el ejército napoleónico, quizá como ayudante del médico de campaña, curando heridos, pero de esto tampoco existe evidencia. Lo cierto es que poseía conocimientos de medicina cuando llega a Santa Marta el 24 de julio de 1824. Fue el general Mariano Montilla quien, ante el mal estado de salud de Bolívar al desembarcar en Santa Marta, recomienda a Reverend. El Libertador apreció inmediatamente al joven doctor, más por su cortesanía y fluida conversación, que por sus conocimientos médicos. La medicina moderna supone, por la rapidez de la evolución de la enfermedad y sus síntomas, que Bolívar murió a consecuencias de “un absceso amibiano del hígado abierto en los bronquios”, y no de una tuberculosis pulmonar como certificó Reverend. Bolívar había padecido esta enfermedad pero se le había curado con sus prolongadas exposiciones a la intemperie tropical, y en la autopsia Reverend  encontró una formación calcárea en el pulmón que certifica esta hipótesis. Reverend murió en Colombia el 1º de diciembre de 1881 a los 85 años.

LUÍS PERÚ DE LACROIX:

El autor del Diario de Bucaramanga, fue su amigo y confidente en las angustiosas horas de la Convención de Ocaña. Fue uno de los fieles hasta el último momento pero no pudo estar presente el día de la muerte de Bolívar por cumplir la orden de trasladar prisionero a Bogotá  a Ezequiel Rojas, uno de los conjurados para asesinar al Libertador la noche del 25 de septiembre de 1828, que fue descubierto oculto en la casa del Obispo de Santa Marta. El 18 de Diciembre de 1830, desde Cartagena, escribe a Manuela Sáenz: “Mi respetada y desgraciada señora: He prometido escribir a usted y de hablarle con  verdad; para cumplir con este encargo y empezar con darle la más fatal noticia. Llegué a Santa Marta el día 12, y al mismo momento me fui para San Pedro donde se haya el Libertador. Su Excelencia estaba ya en un estado cruel y peligroso de enfermedad, pues desde el día 10, había hecho el testamento y dado una proclama a los pueblos, en la que se está despidiendo para el sepulcro. Permanecí en San Pedro hasta el día 16, que me marché para esta ciudad, dejando a Su Excelencia en un estado de agonía que hacía llorar a todos lo amigos que le rodeaban. A su lado estaban los generales Montilla, Silva, Portocarrero, Carreño, Infante y yo, y los coroneles Cruz, Paredes, Wilson, capitán Ibarra, teniente Fernando Bolívar, y algunos otros amigos. Sí, mi desgraciada señora: el grande hombre estaba para dejar esta tierra de la ingratitud y pasar a la mansión de los muertos, a tomar asiento en el templo de la posteridad y de la inmortalidad al lado de los héroes que más han figurado en esta tierra de miseria. Lo repito a usted, con el sentimiento del más vivo dolor, con el corazón lleno de amarguras y de heridas: dejé al Libertador el día 16 ya en los brazos de la muerte: en una agonía tranquila, pero que no podía durar mucho. Por momentos estoy aguardando la fatal noticia, y mientras tanto, lleno de agitación, de tristeza, lloro ya la muerte del padre de la patria, del infeliz y grande Bolívar, matado por la perversidad y por la ingratitud de los que todos le debían, que todo habían recibido de su generosidad. Tal es la triste y fatal noticia que me veo en la dura necesidad de dar a usted. Ojala el cielo, mas justo que los hombres, hechase una ojeada sobre la pobre Colombia; viese la necesidad que hay de devolverle a Bolívar, e hiciese el milagro de sacarle del sepulcro en que casi lo he dejado. Permítame usted, mi respetada señora, de llorar con usted la pérdida inmensa que habremos hecho, y habrá sufrido toda la república, y prepárese usted ha recibir la última y fatal noticia. Soy de usted admirador y apasionado amigo, y también su atento servidor que sus manos besa”.

            Perú de Lacroix participó en la Revolución de las Reformas que destituyó a José María Vargas, pero derrotado por Páez fue expulsado de Venezuela y regresó a Francia, donde vivió en la miseria. Imposibilitado de reunirse con su esposa colombiana, se suicidó en París en 1837, a los 57 años. ¨La sepultura me inquieta un poco¨, escribió como despedida.


Rafael Marrón G.  –  @RafaelMarronG


 

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RAFAEL MARRÓN G.

RAFAEL MARRÓN G.

Escritor. Columnista. Productor radial