Política

La perspectiva en el divan

Rafael Marrón G.
Escrito por Rafael Marrón G.

Es indescriptible la sensación de euforia que produce una victoria, así esta sea pírrica. El ser humano es de naturaleza gregaria, se ve impelido por su subconsciente a escapar de la soledad del individuo insertándose en clubes, partidos, religiones, sectas, modas o tendencias o simplemente en la corriente dominante, pero cambiante, del momento. Es lo que se define como sentido de pertenencia, que en la medida en la cual la sociedad se divide en especificidades es más intenso y necesario. Ese estadio actitudinal, que se manifiesta como histeria colectiva con la disolución del sentido moral individual en el grupo, en su nivel más alto, es impermeable a la razón y hasta el lenguaje se adapta a sus creencias, reduciendo su alcance dimensional, y ni siquiera la contundencia histórica de la realidad lo conmueve, pues la adrenalina se encarga de potenciar en el inconsciente el recuerdo eufórico del triunfalismo por encima del trauma de la experiencia. Y aunque la mente ha encontrado, a través de la evolución, la forma de grabar las lecciones de la realidad con el dolor espiritual, en esto casos la lucidez ni con sangre entra, porque la negación de las consecuencias, que atribuye a la respuesta de sus actos y no a estos, es su formidable aliado y la ilusión hace estragos introyectando la esperanza en fuerzas exógenas como la idea de Dios, el azar o la comunidad internacional. Es por esto que es tan fácil manipular las emociones de la masa, sencillamente con estimular adecuadamente una sospecha para convertirla en certera matriz de opinión, en el caso de la política, por ejemplo, hablando públicamente de un modo que cause rechazo moral y actuando en sentido contrario: miren lo que yo hago, no lo que yo digo. Es la psiquiatría al servicio de las tiranías: una mentira repetida se convierte en verdad, contra toda lógica. Esa manipulación del hombre masa, depurada de manera perversa para inducir el pensar estúpido – para hacer daño me hago daño – persigue hacer creer no solamente que su sospecha es verdad, sino que esta es tan grande que es inútil oponer el propio poder que resigna la lucha, se evade, se abstiene, se rinde o declina o apela al espejismo desinteresado de una fuerza superior que bajo divino influjo desbrozará la tierra y se la entregará generosamente para su provecho, por eso los judíos crearon la fábula de David contra Goliat, para desmontar la publicidad de la invencibilidad de los filisteos. Quién sabe entre cuántos cazaron y mataron al confiado Goliat.

La perspectiva artificial

La voz perspectiva, que en el arte se usa para definir la simulación de profundidad o de efecto de reducción, se aplica también por analogía  al conjunto de circunstancias que rodean al individuo y que influyen en la percepción de la realidad  y, por ende, en su valoración. Pero también puede crearse, como en el arte pictórico, una apariencia engañosa o falaz de las cosas, que coincida con la apreciación general previamente inducida, con fines pre establecidos, para fortalecer la tendencia especulativa. Y para ello basta un sofisma para alterar el juicio y lograr el objetivo. Como, por ejemplo, la ofensiva psicológica que convirtió la abstención pasiva en sucedánea del voto, creando la convicción de que este solo sirve para elegir, cuando en realidad, en casos como el que nos ocupa, sirve, con el liderazgo adecuado, para colocar millones de indignados en las calles para revertir el fraude en una toma popular del poder político, con costos en vidas, de parte y parte, por supuesto. Pero cuando los líderes derivan en voluntarismos irracionales, complacientes, que se pliegan, por popularidad, a la falsa percepción de la mayoría afectada por el síndrome de la suposición inducida, por la comodidad de no nadar contra la corriente, se le facilitan las cosas a las neoautocracias como la venezolana.

En resumen

Venezuela es un ejemplo de una nueva forma de totalitarismo sofisticado, que no necesita para imponerse ni de la armas, ni de la represión brutal cubana, ni de fraudes -¿para qué incurrir en fraude físico si convenzo virtualmente de que no puedo perder? – basta un psiquiatra, un pueblo polarizado mentalmente vulnerable y una élite intelectual, proclive al reconocimiento social, que acalla, con la autoridad que le confiere estar con la mayoría, la tenue voz de la razón que intenta abrirse paso entre la algarabía que prefiere a Barrabás. El liderazgo opositor, presa de la perplejidad ante lo indescifrable, ha sido pulverizado a lo largo de pacientes veinte años, más por sus contradicciones, divisiones, rivalidades, desacuerdos, incoherencias, personalismos irritantes, veleidades escénicas, subestimación del adversario, desprecio por el capital electoral del chavismo, que como los adecos llegó para quedarse, ¡y existe!; desconocimiento táctico y legal, desperdicio de momentos propicios a la negociación, despilfarro del capital electoral, abandono de su trabajo de campo por suponer  que rechazo al gobierno era apoyo a la oposición por no reconocer que el chavismo es consecuencia; creencias en salidas fáciles y falsas percepciones de la realidad, que por la fuerza, la amenaza o el soborno, porque ni cobarde, ni traidor, ni vendido ha sido. Pero también ha sacado de quicio a la ecuanimidad diplomática occidental lo que amerita una pausa reflexiva, ya que muchos de esos países de voz tronante que abonan la esperanza ilusa, no escapan a una amenaza similar – los pobres heredarán la tierra – o tienen profundas crisis internas y geopolíticas. Por este ejemplo la política debe actualizarse, los aspirantes a captar las masas tienen que aprender a reconocer, driblar y desarticular las manipulaciones de la psiquiatría aplicada a la conservación del poder por la vía electoral, y en esto la universidad que queda libre tiene una gran responsabilidad. Porque si siguen analizando sus derrotas y triunfos sentimentales, sin considerar este factor determinante, se los seguirá engullendo el chavismo. Que tiene psiquiatra comprometido. Y funciona.


Rafael Marrón G.  –  @RafaelMarronG


 

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Columnista

Rafael Marrón G.

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Escritor. Columnista. Productor radial