Política

Al socialismo debemos solícito amor

Rafael Marrón G.
Escrito por Rafael Marrón G.

En Venezuela no existe, por lo menos con relevancia, ninguna oposición política, aquí lo que hay es opositores al gobierno, que se niega hasta a ser cogobierno aunque sea por voluntad popular, como el caso del gobernador electo en el estado Zulia que prefirió entregar la gobernación más importante del país, en una absoluta falta de pragmatismo, es decir de consciencia política que determina la subordinación del ideal por lo práctico o útil, antes que juramentarse en una instancia que, aunque de origen fraudulento, y por lo tanto inexistente jurídicamente, es un hecho consumado y es la máxima instancia de poder en el país. ¿Acaso Zulia no vale una misa? De los 46 partidos y movimientos políticos inscritos en el CNE, solo  existen cinco, y muy pequeños, de tendencia liberal o de centro, que verdaderamente serían, en el argot de izquierda, de derecha. Hay dos partidos ranciamente comunistas, tan atrasados y furibundos tanto el del gobierno solapado como “socialista”,  como el estalinista puro, todos los demás o son socialdemócratas o demócratas sociales o socialcristianos o socialistas moderados, pero todos, al fin y al cabo, creen a pie juntillas que la supuesta genialidad de Marx, que sigue ordenando desde el Más Allá la repartición proporcional de la riqueza, pero jamás de acuerdo a la dimensión objetiva de trabajo, estudio y responsabilidad, sino por filantropía, porque “los pobres me dan lástima”, es aplicable a la actualidad cibernética de la humanidad, y en que sus teorías en verdad pueden acabar con la pobreza arruinando la productividad y estimulando la flojera y la dependencia del gobierno, sustentados en la elevación de la masa a la categoría suprema, cuya ignorancia, incongruencia, contradicciones, vicios, mitos y supersticiones, incultura y mal gusto son de obligado acatamiento por imperativo de la ley de la mayoría. Son enemigos del comercio y del libre mercado y adoran al dios estado y, además creen que los beneficios sociales son “derechos humanos”, “Todos tienen derecho al trabajo” reza la Constitución, en lugar del “deber de trabajar”, por eso todos se sientan a esperar que el trabajo confundido con empleo, le llegue a la casa en una bolsa CLAP. “Todo venezolano nace con una arepa bajo el brazo”, asegura la conseja popular y es deber del gobierno metérsela en el sobaco. Por eso la vida, la libertad y la propiedad que sí son derechos humanos, pasan a segundo término como hemos comprobado en estos dieciocho años. En el 2016 ocurrieron 28.479 muertes según el Observatorio venezolano de violencia (OVV), así que si el derecho a la vida es un eufemismo en este país convertido en tierrero por la estupidez izquierdista, chavista o de la otra; ni se diga de la libertad – ¿libertad para qué, si el gobierno te lo da todo? – una nueva forma de esclavitud que mantiene a millones de venezolanos sometidos a la coacción política por la supervivencia y que ya, en la actualidad, es la única forma de sobrevivir que conocen las nuevas generaciones. Ser esclavo concede estatus político relevante y acceso a beneficios seductores, por lo que la palabra libertad define un sacrificio que esa masa abúlica no está dispuesta a considerar. No es necesaria la represión de las dictaduras convencionales, con la sumisión por el hambre basta. Y menos el derecho a la propiedad – «la propiedad privada será progresivamente condenada a desaparecer si no se justifica su utilidad a la sociedad”, Hugo Chávez, 13 de abril de 2007  – sencillamente porque la estupidez socialista, que sí tiene amigos a montón, aunque el estandarte del fracaso flamea en su historia con terca ventolera, niega al individuo que es el que conforma sociedad y progreso por desarrollo. Y, además, porque la propiedad privada genera libertad y nada hay más amenazante para el socialismo que un hombre libre. Por eso el socialismo estimula la renuncia voluntaria a la libertad, que remite a consciencia plena de progreso por el desarrollo del individuo, simplemente implementando una falsa sensación de propiedad sobre la tenencia, por ejemplo, de viviendas y terrenos de cultivo, adjudicados sin títulos de propiedad, es decir sin derecho a la disposición del bien, lo que lo mantiene atado a las decisiones del gobierno. Y ha sido tan eficaz esa perversión que los mismos agraviados rechazaron la ley de titularidad que aprobó la Asamblea Nacional. Porque ser propietario genera responsabilidad y eso no lo quieren los parásitos sociales ni a balazos, pues lo que nada les cuesta pueden hacerlo fiesta, lo que ahonda la miseria. Es tan gratificante ser mantenido, tener un padre munífico de por vida, a cambio de la entrega de un derecho, que puede ser fundamental, pero estorba para la felicidad, que es inversamente proporcional a la responsabilidad, cuya definición hace la diferencia entre humanos y humaniformes, pues los primeros tienen consciencia plena, inteligente, de su ser social y político y, por lo tanto, se hacen solidarios, por reflexión, con las consecuencias de sus actos, que, al ser un producto de la razón inhibe la comisión de actos de suyo inmorales.

En conclusión

Como el capitalismo venció pero no convenció de la importancia del trabajo y la creatividad y la voluntad, como únicos factores productores de riqueza, que no es posible repartir sino producir, a menos que sea por un acto de generosidad particular, el socialismo, es decir la sinvergüenzura que genera esclavitud, se impone en el mundillo de la irresponsabilidad que adosa hijos al estado paternalista a falta de hombría. Y ese discurso que promete satisfacer las necesidades de la subsistencia sin necesidad de ningún esfuerzo personal, reditúa votos a montón, por lo que ya no es necesario apelar a revoluciones sanguinarias ni a golpes de estado, y un país petrolero es el desiderátum de esta apología del fracaso de la inteligencia.  Por ello al socialismo debemos solícito amor. Hasta el fin de los tiempos en estos tierreros conceptuales.


Rafael Marrón G.  –  @RafaelMarronG


 

 

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Escritor. Columnista. Productor radial