Política

Guaidó ¿Y el plan?

Aclaremos algo, las experiencias anteriores en formas y maneras de combatir al castrismo venezolano ha dejado sin sabores, en primer lugar, porque no había un plan bien estructurado para consolidar los cambios, hacerlos sostenibles. Tampoco ha habido verdadera unión, un pacto por parte de los actores políticos. En tercer lugar, al parecer, no estaba fraguado en la mentalidad de los venezolanos la idea de “superar” al chavismo, toda vez que se ha impuesto como una dictadura a la que adversar puede salir muy costoso.

Hoy nos encontramos con un chavismo tendido en el piso, el referí ha parado la cuenta en 9 y da un chance extra para que éste se levante. Guaidó comenzó con un empuje extraordinario, afectado al chavismo, principalmente, por errores propios ¡He allí el detalle! El castrismo venezolano se encuentra tendido en el piso por haber acribillado la constitución y la democracia, asume las consecuencias de su abismal corrupción, desidia y de la toxicidad comunistoide a la que él mismo no resultó inmune, hoy subsiste extrayendo de nuestro subsuelo sus riquezas, negociándolas furtivamente.

¿Vuelve el problema a repetirse? Marchas quincenales dan cuenta de qué falta algo, el chavismo respira ante las estrategias blandas contra él que ha emprendido la oposición criolla, oposición sobrada en respaldo internacional, pero con un océano de dudas dentro de nuestras fronteras. El gran problema de la oposición es qué hacer, como señalamos, el chavismo se hundió solo, ya se demostró su inédito rechazo popular, al mismo tiempo, la oposición demuestra también su inédito apoyo popular, entonces… ¿Qué más hay que hacer?

Guaidó y su gobierno interino corre el riesgo de diluirse dentro y fuera de Venezuela, probablemente, el reconocimiento de su gobierno por parte de la ONU sea la pieza que falta para terminar el rompecabezas internacional, a lo interno, faltan decisiones contundentes, las marchas y las concentraciones esporádicas ya cumplieron su objetivo, cabalmente.

Por otro lado, prominentes figuras como Claudio Fermín y Eduardo Fernández colocan la tilde en un nuevo “diálogo”, situación ésta que nos extraña a sabiendas de sus dotadas experiencias y grados de preparación, sencillamente, está demostrado con creces, no se puede tratar democráticamente a quién no lo es, en las naciones donde las dictaduras han caído por diálogos hubo un atisbo de voluntad política por parte de los regímenes y un dejo de institucionalidad que pudo consolidar la transición, en Venezuela no existe ni lo único ni lo otro, el castrismo venezolano tiene un solo objetivo; permanecer en el poder a todo costo, enfatizamos “a todo costo”.

La segunda independencia de Venezuela no es labor exclusiva de los políticos de oficio, la ciudadanía tiene un papel protagónico ¡El más importante! la presión social es el combustible para todas las soluciones. Atiborrando las licorerías los fines de semana, los sitios nocturnos, aprovechando los asuetos para ir a la playa o adaptando nuestras vidas a la sobrevivencia indigna solo abonamos el camino para que el chavismo continúe conduciendo al país como su finca personal. Entiéndase, en la medida que la presión social sea contundente, contundentes y rápidos también serán los cambios.

Las sanciones internacionales por sí solas y marchas/concentraciones agendadas quincenalmente no nos permitirá recobrar nuestra libertad, nuestra democracia, desde hace rato llegó la hora de replantear estrategias, juntos… pueblo y su dirigencia política.

Leandro Rodríguez L. – @leandrotango

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Columnista

Leandro Rodríguez Linárez

Leandro Rodríguez Linárez

nacido en Barquisimeto el 22 de septiembre de 1974, licenciado en ciencia política (politólogo) de la UFT 1997 especialista en participación ciudadana, análisis del entorno y procesos electorales.