Política

Camaradas, compadres y compinches

Leandro Area P.
Escrito por Leandro Area P.

Aquellas figuras de los caudillos latino americanos con lanzas o máuser y a caballo, o de los capos mafiosos en carros que más nunca, o la de los propios espías típicos de la guerra fría disimulados detrás de un periódico al revés, ya son niños de pecho, angelitos dorados de torta cumpleañera, barajitas, tanto así de sin filo que me atrevería agregar en esa lista también a los rockeros.

Casi que piezas de museo, olor a naftalina, sentimentales y desdentados serenateros, juguetería esquinera y familiar de memoria olfativa, comparadas con los representantes de la maldad contemporánea a los que no les tiembla  el pulso para nada y se muestran insolentes y osados en un mundo que les teme, respeta y adula, en el que prevalecen la inmunidad y la impunidad.

Aquellas imágenes ya borrosas de tiovivo y carrusel dominguero, aproximadamente heroicas  y suspirantes, han sido superadas por otras muy dañinas, actuales y legitimadas: las de los camaradas, en su sentido laxo, untado, ya no estrictamente emparentado con la hermandad roja y comunista aunque por ahí ande la cosa, ¿verdad poeta que la era está pariendo un corazón?;  la del compadre, glosario sacramental de hermandad, ya no estrictamente  rural sino globalizado, cosmopolita y post moderno, léxico bautismal  con el que instituir vínculos de familia encubierta, organizada y delincuente, narco- tramposa- corrupta- banquero- guerrillera-terrorista, y mundial; y la de compinche, que engloba, sintetiza y supera a las anteriores en lo que tiene de plaga  babosa y pegajosa, silenciosa, servil y coparticipe, sin carnet y sin nombre, anónima de todo mal y peligro, que ayer era un pecado y hoy es un negocio multimillonario en dólares y demás exquisiteces del espíritu.

Ninguna de ellas ha sido tratada con la seriedad y urgencia requerida y sus resultados expresados en diccionarios y manuales de enseñanza de la ciencia política contemporánea por ejemplo, y creo que ya es tiempo de sinceridades para superar el rubor academicista y darles el espacio y lugar que se merecen.

Más aún cuando aquellos viejos baluartes de nuestro orgullo democrático caballeresco, quijotesco, el Estado y sus instituciones, el Derecho, los partidos políticos, los ciudadanos, los grupos de presión y de interés, los principios y los valores en suma y origen de todo lo anterior en fin, se depravan y dan paso, en lenta y sórdida metamorfosis a esta invasión sin cortapisas de personajes siniestros de carne y hueso y a prácticas podridas autorizadas, a la vista de todos, casi que ejemplo de virtudes y demás serpentinas cinematográficas, que definen en buena medida nuestros destinos colectivos, familiares y personales, ciudadanos e íntimos.

Pero como la ambición es cruel y voraz pero viene con frenos, propongamos una mirada tan solo sobre nuestro continente, nunca más ajeno que antes que de ancho no lo sé, pues no estamos ahora, como se ventilaba afirmar, en manos de los imperialismos clásicos (inglés, americano o soviético), sino de neo-imperialismos tropicales, locales o regionales, autóctonos y soberanos, que en eso terminó toda aquella batahola libertaria y revolucionaria que viene desde la Independencia.

Somos hoy, en este continente el producto de alianzas, arreglos, compadrazgos y complicidades, todos compinches, entre camaradas y sus mantenidos aliados, que se protegen unidos por variadas razones entre las que destacan el poder, el dinero, y la implantación de modelos de vida miserables a través de la droga de las ideologías que no se fuma pero que tampoco empalaga, o el paquete de comida limosnero que se entrega a cambio de silencio, que no es sino sumisión, miedo, interés, indiferencia o comparsa.

Parásitos todos estos nuevos actores requieren de sus víctimas adulantes pues no hay amo sin esclavo; pueblos faltos de libertad y sin fuerza política y social, es decir carentes de educación, de cultura y de ambiciones cívicas,  a los que se les niegan  los derechos humanos, con gobiernos propiciadores y fundamentados en la violencia y la corrupción material y moral como utensilios y razón de ser para mantenerse a sus anchas en el poder como quizás nunca antes habíamos observado. Eso sí, a través de elecciones antes escupidas como burguesas y hoy consentidas por el Socialismo del siglo veintiuno, en números romanos y todo, balsa de auxilio en la que los cubanos no la pensaron dos veces para encaramarse con la idea de crear un nuevo imperio sustentado económicamente en la combinación de dos negocios de exportación segura y confiable de materias primas: petróleo y drogas; dos vicios inseparables del capitalismo mundial y tan cercano. “El Dorado si existe, camará”

Siempre en binomio, a la cabeza de ese proyecto, ya más que eso, se encuentra la hermandad cubana de los Pater familiae, Fidel-Raúl, mantenidos y amparados por y desde Venezuela representada en y por el otro dúo filial, ahora dinámico y galáctico, de Chávez-Maduro, y aplaudidos en su momento por otra cumparsita, la de los Kirchner argentinos, hijos falsificados de aquellos otros dos, Perón-Evita, siendo el cuarto de entre ellos que no el último, el de Lula-Roussef, tan venidos a menos, ambos, en estos últimos tiempos de elecciones e “impeachment”

Después le siguen otros sacristanes, cómo no; Correa culipandeando en el malherido y doliente Ecuador de en estos días; Evo, el boliviano, entre la coca y las visitas al Papa y del Papa a él, que también tiene su proyecto de reinserción de los infieles junto a Obama. El binomio siguiente es el nicaragüense, el de la pareja acérrima de los Ortega, y por su parte, sin faltar a sus Mercedes, la guerrilla colombiana montada en su propósito, que es el de la toma del poder, en el más puro estilo de franquicia chavista, el cual pasa por los acuerdos de paz tan habaneros ellos y made in Santos-Timochenko, en la hermana República.

Pero hay que darse prisa para encontrar el remedio a tal epidemia de binomios y detenerlos porque ya se ve que hasta los que dicen aborrecer las prácticas populistas, asistencialistas y clientelistas de camaradas, compadres y compinches, comienzan a mostrar síntomas que invitan a pensar que se están divirtiendo de lo lindo también al imitarlos.

Por eso es que repito que hay que hacerlo y bien rápido que por allí se observa además y subiendo un clamor de ciudadanía que viene en oleada desde Argentina pasando por el referéndum boliviano y está haciendo estragos en Brasil. En Venezuela, que no se nos olvide, en diciembre le dimos un pitazo que ya no escucho ni tan claro ni tan fuerte de votos y de calle a la perversidad. Ojalá y no aterrice esa alegría que viene desde el sur como hasta ahora por orden alfabético.

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Leandro Area P.  –  @LeandroArea


 

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Columnista

Leandro Area P.

Leandro Area P.

Politólogo (UCV). Diplomático. Poeta. Investigador y Profesor Universitario (UCV) Jefe de Cátedra y Departamento de Teoría Política. Sub Director del Instituto de Estudios Políticos. Obra publicada: Los procesos de decisión política.Elementos teóricos para su estudio. El Golfo de Venezuela:Documentación y cronología (tres tomos)
Las migraciones en Venezuela. Apuntes sobre Venezuela: El país que se asoma (primer volumen) Auxilio Freud (segundo volumen)