Cultura Salud

¿Qué pasa con los adultos a cargo de niños en estos momentos de conflicto? por @deoliveira2112

Hernán De Oliveira
Escrito por Hernán De Oliveira

            “El niño que no juega no es niño,

pero el hombre que no juega perdió

para siempre al niño que vivía en él

y que le hará mucha falta.”

Pablo Neruda

            La historia del país en este momento se presta para dar mucho por escribir. Y justo en estos instantes una de las tantas inmensas preocupaciones que pertenece a la larga lista de problemas en Venezuela, tiene que ver con la infancia de quienes estamos criando. La cuestión es que antes de pasar a hablar de los niños, lo haré desde la óptica con la que trabajo en el consultorio: cuando los padres llevan a sus hijos porque éstos presentan alguna conducta o dificultad, los evalúo y luego programo reuniones estrictamente con los adultos. ¿el por qué? Veamos un ejemplo: si un niño está enfermo y requiere tomar medicamentos, el responsable de administrárselos a la hora, dosis y tiempo indicado será el adulto que está con él. Psicológicamente es igual.

            Con esto me refiero a que hay que observar a los adultos de hoy, sumergidos en este conflicto social.

            He observado las siguientes reacciones desde muchas fuentes, tanto en las conversas como lo que se aprecia en las redes y medios: una primera reacción, el de la rabia. Hay una cantidad muy importante de personas acudiendo a la calle, uniéndose a las marchas, asistiendo a las convocatorias, lo que al mismo tiempo obliga a que esté revisando las redes constantemente para estar enterados de todo, conversándolos con otras personas para continuar en el avance. Este adulto llega a su casa hablando lo vivido, agotado, fatigado, más molesto porque aún no conquista el objetivo de llegar a las instituciones públicas y esto lo está vociferando delante de quien esté presente. Está decidido en su rol social y sus hijos, los están viendo.

            Un segundo tipo de adulto es aquel que también está atento a las noticias, que también lo habla, pide y emite opiniones en sus diferentes, pero no está acudiendo a las concentraciones. Esto motivado a seguridad, porque teme que le pase algo, dejar desamparada a la familia y al mismo tiempo, porque está obligado en su empleo a la asistencia, bien por la naturaleza de sus funciones (bombero, médico, rescatista) o por presiones políticas (asistencia obligatoria). Aquí la emoción preponderante es la ansiedad, siendo el foco de este malestar los pensamientos relacionados con la incertidumbre, desconocer qué va ocurrir en el futuro. Están nerviosos y estos son vistos por sus hijos.

            Una tercera clasificación son aquellos que se han mantenido al margen de los sucesos, por dos motivos: en una primera subcategoría, porque ha sido el mecanismo con el cual intentar no sufrir o al menos reducir el malestar emocional. Estos ven películas, oyen música, e incluso lo hacen en compañía de los hijos, intentando salir al cine, al parque y a las distintas opciones recreativas, de modo que prosiguen con cierto grado de rutina. Aquí priva el miedo, ya que se experimenta como amenaza lo que está aconteciendo; en otra subcategoría, se encuentran aquellos que simplemente por su convicción política, realizan un esfuerzo por conservar las rutinas, partiendo del punto que aquí lo que está pasando carece de sentido y en consecuencia, se molesta por los actos de manifestaciones y concentraciones.

            Como se puede observar, rabia, ansiedad y miedo privan en la esfera emocional de las personas y todas ellas, al prolongarse por tanto tiempo, tendrán secuelas individuales y familiares, porque habrá en común la irritabilidad y explosiones afectivas que abarcará desde las ofensas verbales (como en los desahogos) hasta la agresión física.

            Cabe decir que todo lo presente es válido, no se trata que uno sea mejor que el otro (desde el punto de vista psicológico), sino que son reacciones originadas en la historia de vida de cada quien. Lo importante de entrada es hacer consciente lo que se experimenta en este instante, luego asumir lo que se siente (aceptar que se tiene miedo por ejemplo). Por último, lo clave, es establecer espacios y momentos para la descarga emocional. Por ejemplo, hablar del tema político puede hacerlo con la pareja pero evitando hacerlo durante la cena, dentro de la habitación o delante de los hijos. También si esa fuera la necesidad, buscar con quien hablar primero el respectivo tema, para luego desconectarse nuevamente de forma temporal y dedicarse a otras responsabilidades del hogar. Esto permitirá brindar una mejor estructura para continuar oxigenando las emociones sin enfermarse.

            Próxima entrega, el manejo hacia los niños.


Hernán De Oliveira  –  @deoliveira2112


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Columnista

Hernán De Oliveira

Hernán De Oliveira

Psicólogo Mención Clínica Dinámica (UCV). Magister Scientiarum en Información y Comunicación para el Desarrollo (UCV). Coordinador Terapéutico del Programa Integral de Atención en Adicciones-Salud Chacao. Profesor Universitario en el Colegio Universitario "Prof. José Lorenzo Pérez Rodríguez".