Salud Sociedad

Pensamiento enfermo, emoción enferma

Hernán De Oliveira
Escrito por Hernán De Oliveira

“Somos todos tan limitados,

que creemos siempre tener razón”

Goethe

            En la última entrega, mencionaba en relación al dogma como sistema de ideas que por sus características, terminan enfermando al pensamiento, de modo tal que las personas no hace sino rituales y que por ende, asumen poseer la verdad absoluta acerca de un tema, casi siempre en política y religión.

            En esta oportunidad, cabe destacar la influencia directa que tienen los pensamientos sobre las emociones e intentar romper un poco el mito aquel que las “emociones nos gobiernan”, “me dio rabia”, “me dio tristeza” o “lo que me hiciste me dio alegría”. Comúnmente, nos han enseñado y criado creyendo que las emociones son unas cosas por ahí que nos dan las personas y que nos puede gustar o desagradar. Lejos de la verdad.

            Las emociones son descendientes directos de los pensamientos. ¿Cómo es eso? Veamos un ejemplo: si estamos en cerca de un edificio que están derrumbando ¿qué es lo más lógico que sentimos? Coincidiremos que miedo o temor. Esto es sentir una emoción, el miedo. Ahora, hay que preguntarse ¿y qué es lo que nos hace sentir miedo? De seguro, casi nunca las personas se cuestionan ni se interrogan qué lo propicia. Para el caso del ejemplo, ¿un derrumbe qué implica? Que caiga encima de nosotros, que nos aplaste, que nos hiera, que nos asfixie, que nos mate. Todo este análisis es porque de antemano lo sabemos porque nos lo dijeron, lo vimos en televisión o lo estudiamos, poseemos información previa del hecho. Pero lo principal es que todo lo dicho anteriormente, quizás sin que se percate, son pensamientos, y estos dictan que si hay un derrumbe en la que nos encontramos cerca “mi vida corre peligro, me puedo herir o morir”, por lo tanto hay amenaza. Esto es una evaluación mental muy rápida que ha permitido a la humanidad sobrevivir a otros peligros. La reacción adaptativa es la de huir del sitio hasta sentirnos seguros.

            La intensidad de las emociones variará, por ejemplo, si en vez de estar cerca del edificio en cuestión, lo vemos a través de las noticias, nos preocuparíamos pero no estaríamos temerosos.

            Aclarada la conexión entre pensamiento y emoción, le puedo sugerir que practique lo mismo con cada emoción que experimente (alegría, tristeza, rabia) y detectará con seguridad que ha pensado sin darse cuenta sobre la situación y eso es lo que le genera una emoción determinada.

            La dificultad yace cuando nuestros pensamientos enferman. ¿Cómo se enferman nuestros pensamientos? Hagamos otro ejemplo. Supongamos que en vez de temer que se caiga un edificio sobre nosotros, lo que es totalmente coherente que sintamos miedo, el miedo lo provoque la altura de un primer piso, un insecto las multitudes. Tales situaciones o cosas por sí mismas no son amenazantes, sin embargo hay personas que sienten increíblemente amenazadas en estas circunstancias. Esto ocurre porque sus pensamientos presentan distorsiones, que son fallas en la lógica y se basan principalmente en creencias y no en las evidencias. Si se le pregunta a una persona la razón por la que teme a una cucaracha, puede que no conteste nada o conteste elementos inválidos, incoherentes o ficticios. Hará un intento de justificar su miedo, cuando no es cierto. Y esto es el ejemplo para describir lo que es una Fobia, que son esencialmente miedos irracionales.

            El pensamiento usa filtros basados en nuestra experiencia y en lo que nos cuentan o vimos a través de otro. La cuestión es que la vigencia de dichos pensamientos muchas veces se cristalizan de modo que son eternos (¿se imaginan que alguien de 50 años aun tenga miedo de que salgan monstruos de un closet como cuando tenía 4 años? Significaría que sus pensamientos tienen la misma vigencia de cuando tenía esa edad. No ha avanzado. Se ha enfermado.

            Los pensamientos finalmente son sistemas que nos permiten organizarnos, lo expresamos a través del lenguaje, de las emociones y de la conducta, por lo que es visible cuando nuestra mente está en desorden.

El ejercicio finalmente consiste, en asumir que no siempre se tiene la razón, que son limitados y que debemos esforzarnos en escuchar a otro, que tiene algún aporte y pudiese mostrarnos otros puntos que inicialmente no captábamos.


Hernán De Oliveira  –  @deoliveira2112


 

 

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Columnista

Hernán De Oliveira

Hernán De Oliveira

Psicólogo Mención Clínica Dinámica (UCV). Magister Scientiarum en Información y Comunicación para el Desarrollo (UCV). Coordinador Terapéutico del Programa Integral de Atención en Adicciones-Salud Chacao. Profesor Universitario en el Colegio Universitario "Prof. José Lorenzo Pérez Rodríguez".