Salud

Cerebro sano o no: Planificación vs Improvisación por @deoliveira2112

Hernán De Oliveira
Escrito por Hernán De Oliveira

“Para tener éxito, la planificación sola es insuficiente.

Uno debe improvisar también.”

Isaac Asimov

            En mi práctica clínica y docente, suelo hacer descripciones relacionadas con la salud del cerebro, como órgano de vital importancia para la vida, debido a que éste se encarga prácticamente de todas las funciones psíquicas y físicas. Con eso quiero decir que creo fervientemente en lo que llaman algunas tendencias, en la neuropedagogía, que no es otra cosa que educar al cerebro.

            Las personas naturalmente no están obligadas a conocer el profundo y hasta misterioso funcionamiento que la neurociencia viene develando cada vez más a través de las múltiples investigaciones, pero una vez que por ejemplo, dentro del aula de clases universitarias se les explica a los participantes en donde es visible la actividad cerebral, se asombran porque obtienen evidencia de que participa en todo: desde toser y estornudar hasta las conductas más complejas como tocar música o diseñar un edificio.

            En esta ocasión, quisiera señalar un aspecto concreto con respecto a la participación que tiene el cerebro en un área de la vida: la planificación, esto es organizar metódicamente a través de una secuencia, determinadas actividades. Cuando una persona va a cocinar, pensamos en algo absolutamente corriente por lo cotidiano que es. Pero hagamos el ejercicio de descomponer la actividad, necesitamos conocer una receta, luego procurar los ingredientes, posteriormente tomar las cantidades necesarias, batir mezclas, encender el fuego y hasta quizás realizar diversas tareas dentro de la misma cocina simultáneamente. Observándolo de esta forma, nos damos cuenta que ya el acto de cocinar no es tan simple como pareciera. Se requiere que nuestro cerebro funcione bien para lograr planificar.

            El cerebro se puede distinguir a través de cuatro lóbulos, siendo el más importante desde el punto de vista evolutivo el frontal, que justamente se halla ocupando la frente de nuestro rostro. Ésta termina de madurar aproximadamente a los 12 años si ha recibido una adecuada estimulación y en ella se depositan las habilidades intelectuales y sociales, tales como organizar, aprender, memorizar, combinar estrategias, inhibir impulsos, etc. Dentro del lóbulo frontal se encuentra a su vez un área diminuta denominado Prefrontal Dorsolateral, pero mi interés no es enredarlos con términos extravagantes, sino tener en cuenta que existe una región cerebral cuya función, entre otras, es planificar.

            En nuestro diario quehacer, ¿cuántas veces hemos constatado la increíble improvisación de la que somos sometidos por diversos servicios y dependencias? ¿Cortan el servicio eléctrico sin previo aviso? ¿Avisos con poca anticipación que van a quitar la bomba de agua en un edificio? ¿Citas en las escuelas de hoy para mañana y no da tiempo de notificar en los empleos? Y la lista se extiende, perjudicando y molestando cuando no podemos programar las cosas.

            Esto se puede atribuir  en gran parte por la falta de adecuada estimulación y regulación de las actividades desde que somos niños. Fíjense: al indicarle a los hijos que “al llegar del colegio, deben quitarse el uniforme, luego ducharse para después hacer la tarea y así tendrán el resto de la tarde libre”, sin darnos cuenta, le estamos enseñando a planificar. Si eso se realiza al pie de la letra, el niño crecerá habituado a la necesidad de organizar el tiempo y sus actividades; por el contrario, si el niño al llegar del colegio, no se quita el uniforme sino que más bien sale a jugar a la calle, llega a casa y después de mucha insistencia es que logra bañarse, estamos criando un futuro adulto caprichoso e improvisador. Esto es neuropedagogía. Cada instrucción tiene su sentido de ser.

            La sugerencia estriba en que desde la infancia, es importante y vital enseñar a programar el tiempo junto con las actividades, de manera que el niño pueda ejecutarlas en el tiempo establecido y así aprenderá a anticiparse debidamente frente a las responsabilidades, insistiendo que el adulto que cría es quien tiene el compromiso de hacer cumplir las normas y condiciones en las que se llevan a cabo las tareas propuestas. De este modo contribuiremos a criar una generación de adultos con capacidad para planificar e incluso, la improvisación también funcionará dentro de un marco de reglas. Cerebros sanos. Adultos planificadores.


Hernán De Oliveira  –  @deoliveira2112


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Columnista

Hernán De Oliveira

Hernán De Oliveira

Psicólogo Mención Clínica Dinámica (UCV). Magister Scientiarum en Información y Comunicación para el Desarrollo (UCV). Coordinador Terapéutico del Programa Integral de Atención en Adicciones-Salud Chacao. Profesor Universitario en el Colegio Universitario "Prof. José Lorenzo Pérez Rodríguez".