Sociedad

Vencer el miedo a emigrar

Harold A. Sarracino
Escrito por Harold A. Sarracino

“Toma un manejable remo y anda hasta que llegues a aquellos
hombres que nunca vieron el mar (…) Cuando encontrares otro
caminante y te dijere que llevas un abanico sobre el gallardo hombro,
clava en tierra tu remo y haz al soberano Poseidón hermosos
sacrificios (…) Te vendrá más adelante y lejos del mar
muy suave muerte, que te quitará la vida cuando ya
estés abrumado por placentera vejez, y a tu
alrededor los ciudadanos serán dichosos,
pues todo cuanto te digo es cierto”.

Alma de Tiresias a Odiseo

– Homero, <<La Odisea>>

Nada paraliza tanto como el miedo. Y nada produce más temor que lo desconocido. Usted, que hace mucho quiere emigrar, y yo, que hace mucho tiempo lo hice, lo sabemos. Usted y yo somos como aquel que, habiéndose echado al agua, azuza al que aún está en la orilla para que se eche a la mar. Unos han vencido el miedo, otros aún no, y otros no lo vencerán jamás. Otros lo han vencido pero las circunstancias los obligan a quedarse en Venezuela y resistir, estoicos, el inhumano sufrimiento que les toca vivir día tras día.

Pero esta columna es para usted, que día a día lo piensa, que siempre dice que se va, pero que nunca termina de tomar acciones para materializar su decisión. Hace algún tiempo me preguntaba en otra columna si aquellos que nos hemos ido somos traidores a la patria. Con honestidad hoy pienso que esa pregunta ha quedado en la obsolescencia, porque la situación de Venezuela es de tanta gravedad que tal cuestionamiento sólo deja en evidencia el masoquismo, el sadismo y, en el mejor de los casos, la frivolidad de quien, por alguna razón, aún la plata le alcanza para salir a rumbear.

Usted como yo, ciudadano de a pie, ruido de la calle, hombre o mujer trabajadora, asalariado, a lo mejor profesional, a lo mejor empresario sobreviviente de la orgía socialista, qué se yo, venezolano que, en fin de cuentas, le echa un camión y cada vez la tiene menos fácil. Usted, que se da cuenta de que la lucha se ha convertido en mera supervivencia, que ya la plata no le alcanza para que sus hijos se vayan comidos a la cama. Usted, que su familiar muere de cáncer o de alguna otra grave enfermedad. Usted, que debe verlo morir sin esperanza alguna de encontrar la medicina que calme su dolor. Usted, a quien el hampa le ha arrebatado un ser querido, o dos, o más. Usted, que lo vio morir. Usted, quien, acostumbrado a los secuestros, ha aprendido a escapar. A usted le pregunto: ¿Tiene hijos?

¿Qué es la Patria? ¿Acaso no está compuesta de las nuevas y futuras generaciones? ¿Acaso su Patria no son sus hijos? Y si sus hijos son su Patria, entonces, dígame ¿En qué consiste la traición a la Patria? ¿Quiere luchar por su Patria?, pues luche por sus hijos. Bríndeles lo mejor que pueda y, si es necesario, ofrezca su vida por ellos. Luche, atrévase, rompa el miedo. Usted no es el primero ni será jamás el último. El mundo no sería mundo sin las migraciones, sin aventureros que se embarcan en busca de nuevos horizontes. El mundo, la vida y la victoria le pertenece a los audaces, y usted le ha dado la vida a otro ser humano que depende enteramente de su audacia, de su osadía, de su valor y de su garra, de sus ansias de lucha. Atrévase.

Afuera de la cueva en la que vive sólo está la luz del sol, aunque para alcanzarla haya que escavar hasta la superficie. Actúe, o la realidad venezolana actuará sobre usted y, tal vez, sobre sus hijos; sobre ellos, que son su única y verdadera Patria.

Deje que quien quiera quedarse se quede, pues cada uno es responsable de las decisiones que toma. Ya Venezuela no está para buenos y malos por irse o quedarse, ya Venezuela está solamente para quienes pueden sobrevivir y quienes se van en busca de otra vida. Pregúntese a cuál de los dos grupos desea pertenecer, y si decide que usted y sus hijos merecen una vida mejor, actúe en consecuencia.


Harold A. Sarracino  –  @MarcusStoicus


 

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Columnista

Harold A. Sarracino

Harold A. Sarracino

Abogado. Postgrado en Derecho Financiero. Venezolano en Canadá.