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«La Constitución, la revolución y la lucha por el poder» por @AndresStambouli

Criterio de Lectores

Universidad Metropolitana

X Congreso de Investigación y Creación Intelectual

Caracas, 26 de mayo de 2016

 

Asistimos a un nuevo episodio de la lucha por el poder que se libra cuerpo a cuerpo, a diario, por producir un cambio político, un cambio en la conducción del país, un cambio por la democracia.

Y digo un nuevo episodio porque la lucha por el poder bajo diferentes modalidades –resistencia clandestina, protestas, alzamientos, golpes de estado, lucha armada y guerrilla, o elecciones- ha caracterizado  no sólo a Venezuela durante el siglo XX y lo que va de XXI, sino a toda América Latina; pero me circunscribo a Venezuela.

Miremos la crisis y la lucha por el poder de hoy en perspectiva histórica, lucha que comenzó en los años 20 del siglo XX; lo que aparece como más inmediato es la confrontación entre el gobierno y la oposición, en diferentes episodios en lo que va de siglo XXI, confrontación que encuentra su pleno significado en el marco histórico más amplio de la batalla por la democracia liberal,contra la tiranía, el autoritarismo, la dictadura militar y ahora contra la versión autoritaria, militarista, estatista del socialismo a la usanza de las fenecidas democracias populares.

La batalla por el cambio político para la democracia es de larga data y ha tenido varios episodios entre el 1928 del siglo XX al 2016: 1928, 1936, 1945, 1958, los sesenta y lo que va del siglo XXI, son fechas que marcan hitos en la lucha por el poder y la confrontación de visiones de país.

La batalla por la democracia liberal comenzó entremezclada con la del socialismo por objetivos comunes: contra la tiranía gomecista, el autoritarismo lopecista, la apertura fallida del Medinismo y la dictadura militar de los 50.

Los campos se deslindan en la década de los 60 entre demócratas liberales y socialistas en lucha armada; los pactantes de Punto Fijo deslindados de comunistas y radicales de izquierda de algunos partidos políticos que, impactados por el triunfo de la revolución cubana, se alzan en armas en nombre del socialismo, la revolución, el anticapitalismo y el anti imperialismo. En estos últimos, encuentran su fuente de inspiración teórica los gobernantes de hoy, aunque es importante aclarar que también en ese campo se ha producido un deslinde que ha llevado a varios de sus protagonistas a ubicarse del lado de la democracia liberal.

Asi pues, estamos hablando de la lucha por el poder entre bloques: democrático liberal, autoritario, dictatorial militar, socialista o “revolucionario bolivariano”. Esta lucha, cuerpo a cuerpo, palmo a palmo, que se condensa hoy en la fórmula del RRP, es la lucha que desde comienzos del siglo XXI, desde hace casi 17 años, es la lucha entre dos bloques: el democrático liberal en la oposición y el autodenominado socialista bolivariano en el poder.

La confrontación, la lucha por el poder por parte de los opositores, apunta hacia la restauración de una fase superior de la democracia liberal, frente a un régimen cuyos personeros más ideologizados aborrecen su teoría, su doctrina y su práctica, la de la democracia liberal; abogan en cambio por la democracia popular, de partido socialista dominante, cuando no hegemónico, asfixiador del pluralismo y la disidencia, pero preso, amarrado, limitado por una CN demo liberal, que lo obliga a interpretarla a su peculiar manera.

En este sentido, en mi libro me refería a la incongruente revolución bolivariana, a propósito de la relación entre el régimen y la Constitución de 1999.

Un régimen que se proclama revolucionario, que contrapone la “democracia popular” a la “burguesa”, véase a la democracia liberal y sus instituciones, la vigente Constitución Nacional le resulta incongruente, incómoda para sus designios; por eso se propuso modificarla de fondo, lo que el electorado rechazó en referendum, o a evadirla, cuando no violentarla, mediante subterfugios regulatorios; por eso la Presidenta del TSJ, Luisa Estela Morales, rechazaba la separación de poderes y proclamaba la unidad del Estado con el partido de la revolución y su gobierno; por eso el gobierno aspira a una Asamblea Nacional alineada con su visión del mundo y sus políticas; por eso, en fin, hoy el TSJ declara inconstitucional toda iniciativa parlamentaria que contradiga la revolución.

Y es que la ‘revolución bolivariana’ violenta la lógica implacable que impone el hecho de haber llegado a la presidencia por la vía electoral y de tener que gobernar en el marco de una Constitución con fuertes componentes democrático liberales; la “revolución” contradice el origen electoral del poder, la Constitución que lo regula y, lo más relevante, va a contrapelo de las características actuales de la sociedad venezolana,­ maduradas en el transcurso del siglo XX democrático. Esta es la gran contradicción estructural, de fondo, que condiciona, casi que determina, toda la conflictividad política del momento actual; la busqueda de su resolución  impone un gigantesco esfuerzo nacional por recuperar la política con autenticidad, como forma insuperable de la vida en sociedad, frente a un gobierno que cultiva un sentimiento de revolución permanente, que se desgasta, y nos desgasta a todos, en una desesperada guerra sin armisticios contra los traidores internos y los agresores externos, una guerra que se alimenta de manera artificial, guerra imaginaria que es instrumento básico de su forma de gobierno.

Hoy se impone la necesidad de recuperar la ética de la responsabilidad política,­ que se traduzca en efectiva colaboración entre gobierno, partidos todos y sociedad, en función del reequilibrio democrático; dependerá de la capacidad política que todos demuestren y de las lecciones que revelen haber aprendido de las recientes convulsiones sociales, políticas y económicas, originadas en la contradicción referida entre revolución y Constitución. Dependerá así mismo del despliegue de una cultura política de la tolerancia y la convivencia y de la conciencia del interés general en relanzar la democracia y, fundamentalmente, de la reducción drástica del código de la inconsistencia deliberada, tan frecuente en muchos de los dirigentes del actual proceso gubernamental, cuyo verbo ocasionalmente conciliador, es inmediatamente disuelto por sus actos pugnaces.

En definitiva, de lo que se trata en la Venezuela de hoy, en palabras de Bernard Crick, es de “…la recuperación de la confianza en las virtudes de la política como una excelente y civilizadora actividad humana.” (Crick, p. 15, En Defensa de la Política).

El desenlace de esta lucha luce muy incierto y por eso mi particular respuesta a la pregunta dominante hoy ¿Qué va a pasar? es la siguiente, y lo digo con mucha certeza: ¡pues no lo sé!

Hegel dijo “El buho de Minerva levanta vuelo al atardecer”, es decir, que el conocimiento de lo social sólo es posible después de pasados los acontecimientos, que sólo podemos predecir el pasado, y eso tampoco es tarea fácil y no siempre se hace de manera adecuada; podemos saber con mucha más certeza que es lo que queremos que pase que lo que va a pasar; y si tenemos claridad en el objetivo y seleccionamos el instrumento adecuado a las circunstancias para alcanzar ese objetivo, nos acercaremos más al ideal perseguido, pero no está garantizado alcanzarlo. Así como ninguna ciencia puede suplir la carencia de inteligencia y sabiduría consustanciales al político de visión, ninguna ciencia puede dar certeza de lo que va a ocurrir. A los acostumbrados a buscar desesperadamente certezas, sólo podemos decirles que no existe el porvenir sino el por hacer… el porvenir está en el por hacer.

Vivimos tiempos calamitosos que inciden en el ánimo colectivo: abatimiento, melancolía, tristeza, incertidumbre, indignación, rabia; un entorno desalentador de inseguridad, escasez, desabastecimiento en alimentos, productos de higiene y medicinas, inflación, caída de la producción nacional y severas limitaciones a las importaciones, colas, bachaqueo, migraciones de talentos de todo género, conflicto entre poderes. Es lo que padecemos la abrumadora mayoría de los que vivimos aquí. Pero a propósito de esta situación, y en medio de ella, están los esperanzados, los luchadores, librando batallas para mantener la moral en alto a fin de producir un cambio político; a ellos, nuestro reconocimiento.


Andrés Stambouli  –  @AndresStambouli


 

 

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