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El mar de la unidad

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    En la unidad  somos (los partidos políticos), como dice el poeta, olas de un mismo mar con diferente forma de besar la playa (lo de   diferente tiene que ver con la forma que cada partido político tiene de amar y sentir a Venezuela). Si viajáramos como hace cinco siglos atrás, cuando nos hiciéramos a la mar necesitaríamos (el Pueblo navegante) de una equipada embarcación con experta tripulación y buen capitán incluido. Y de un mapa si el destino ya fuera descubierto, conocido o vivido como lo es la democracia en Venezuela. Una brújula cuyo invento es antiquísimo no podría faltar y si me disculpan la ignorancia no sé si para entonces ya existía (para mirar a larga distancia) el telescopio y poder contar con el mismo. Pero también necesitaríamos  de unas buenas condiciones climáticas o de buen tiempo para una mejor seguridad en el viaje. Un mar proceloso, turbulento y encrespado podría resultar en un gran problema y haría posiblemente naufragar a la barca. En cambio, a pesar del régimen de mareas, un mar sereno, calmado y estable haría que la embarcación pudiera llegar a puerto seguro, al lugar ya previamente escogido y al cual nos conduce nuestros sueños. La unidad trata de eso. De fijar la ruta y de no sembrar vientos digo,  para poder llegar al puerto de la democracia.

    El pueblo reclama la unidad de todos en Venezuela. Principalmente la unidad de los partidos políticos. Esta no es la hora de la ambición pero la es.  La meta pareciera ser la presidencia del país y ningún político, que se precie de serlo, quiere llegar tarde. Cualquier sentimiento de unidad es un lujo difícil de encontrar en medio de este clima u hoguera de rivalidades, odios, envidias y repito, grandes ambiciones.

    El pueblo aguarda porque sus líderes y dirigentes le hablen con la verdad. El pueblo yace en espera de una convocatoria noble, un mensaje copioso de esperanza y una presencia signada por la virtud. Convocatoria, mensaje y presencia que, hoy mismo, no son bien recibidos por el manto de sospecha y la sombra de duda que Maduro y su camarilla han sabido lanzar sobre algunos de los dirigentes de la oposición democrática, con razón o sin ella. Expresa el ex magistrado Román Duque Corredor: «Las dictaduras se consolidan cuando acaban con una oposición, o cuando fomentan una oposición de ficción. O una oposición a la oposición».

    Si la decisión con respecto a la participación en las elecciones municipales fuera la correcta, los contendores de la oposición llegan a estos comicios con menores posibilidades que en las regionales. Si unidos no pudimos derrotar el fraude, imagínese divididos como estamos. Validar los partidos políticos se creyó razonable ante la posible inhabilitación de la tarjeta instrumental de la unidad. Sin embargo, dicho registro despertó los intereses particulares de cada organización que permanecían dormidos. El norte parecía entonces el interés nacional. Ahora no.

    En la calle se dice que el principal problema de algunos en la oposición es que dicen una cosa y hacen otra, o peor aún, callan  cuando les conviene y obran cuando no es provechoso. En mi caso concreto, me sentí enormemente defraudado de Henri Falcón – a quien apoyé con lealtad- cuando en entrevista de televisión se transformó en opositor de la oposición y además dijo que de haber ganado estaba dispuesto a juramentarse ante la espuria ANC. Todos sin excepción inferimos que los candidatos de la unidad apoyarían la declaración de no juramento hecha por Gerardo Blyde, su Jefe de Campaña.  Candidatos callaron sin estar de acuerdo sobre el tema a pocos días de las elecciones regionales. Evidentemente lo hicieron ante el temor de perder los votos. No siempre habla, el ex gobernador Falcón, con la sinceridad que se ufana.


Atilano Linares – @atilanolinares


 

 

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