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«Desnudez: Dos expresiones» por @hmcaminante

EDITORS NOTE: Graphic content / A naked demonstrator remonstrates with riot police during a protest against Venezuelan President Nicolas Maduro, in Caracas on April 20, 2017. Venezuelan riot police fired tear gas Thursday at groups of protesters seeking to oust President Nicolas Maduro, who have vowed new mass marches after a day of deadly unrest. Police in western Caracas broke up scores of opposition protesters trying to join a larger march, though there was no immediate repeat of Wednesday's violent clashes, which left three people dead. / AFP PHOTO / JUAN BARRETO
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Un cuerpo al desnudo, a la intemperie,  auténtico, se presenta ante el mundo. No hay apariencia, ropaje que disimule, libre totalmente, inofensivo, sencillo. La corporalidad  como forma de protesta social manifiesta malestar, atropello constante sobre una sociedad, vulneración de los derechos humanos, vidas disueltas por balas, un inmenso descontento por la situación del país. La desnudez habla, se expone al fuego, viene limpia y con la palabra sagrada en la mano. Camina frente a la tanqueta militar, muestra la biblia, la enseña en señal de tranquilidad, en busca de comprensión, compasión,  fraternidad, sosiego, paz.  Es luz de vida. Recibe perdigones como respuesta y gritos desalmados de la gendarmería. El grupo armado percibe una desnudez amenazante, peligrosa, vieron la fragilidad humana, quizás la de ellos mismos también, les produjo miedo. Sí, temor, angustia a su propio desnudo, a la vulnerabilidad del ser, a lo que somos. Reaccionaron entonces con dureza, intentando mutilar, desaparecer la imagen, esconderla, minimizarla. El cuerpo de la protesta es atacado quedando salpicado, adolorido, marcado de rojo. Corre la sangre por la piel, la epidermis social vuelve a sangrar, de dicha  sensibilidad surge dolor, llanto, tristeza, tragedia.  Duele mucho, es terrible lo que se siente, es un suplicio, tortura, un ardor que llega al alma. Se produce un tormento inaguantable en la persona, un calvario en el mundo del colectivo.

La otra forma de desnudez es la antítesis, es muy oscura, aparece en la televisión. Con un mazo le va dando duro a todo lo que encuentra a su paso.  Habla por micrófono desde un cuarto encerrado, con público especialmente escogido para el evento. Allí sentado frente a un escritorio se encuentra  la cara del represor, siempre abotagado. La verdad es que nadie lo quiere, por ello genera terror.  Habla durante horas, lo aplauden automáticamente una y otra vez.  Eternamente está rodeado de guardaespaldas, nunca camina las calles o avenidas en soledad, va  blindado. Tiene un escenario hecho a su medida en la pantalla para agredir, violentar vidas, inventar fábulas, difamar, vender ideología con el fin de mantenerse en el poder, detentarlo.  Se desviste absolutamente y suelta: “allí en la autopista apareció esa persona desnuda protestando, lo que tiene en la espalda de color rojo son espinillas no perdigonazos”. Las gradas sonríen, se congracian con lo dicho, con las curvas  verbales  dadas por el verdugo. Esta es la otra desnudez, la de la tiranía, la correspondiente al déspota militarista, insensible, inhumano. Cínicamente agrega que él está lleno de amor para repartir a su pueblo.  La “banalidad del mal” le llama Hannah Arendt.


Lorenzo Figallo Calzadilla  –  @hmcaminante


 

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