Cultura

Tiempos de democracia

Beatriz Di Totto B.
Escrito por Beatriz Di Totto B.

No hay nada mejor que una selección bien hilvanada de testimonios e imágenes fidedignos sobre un período fundamental, polémico y suficientemente distante de nuestra historia para sorprendernos, estimular nuestra capacidad de discernimiento y acelerar nuestro tránsito hacia la madurez, tan necesaria en estos momentos.

El historiador y cineasta Carlos Oteyza, con su nuevo documental “CAP (Carlos Andrés Pérez): dos intentos”, nos ofrece elementos suficientes para que encaremos lo que hemos sido como sociedad, con nuestros defectos y nuestras virtudes. Al colocarnos frente al espejo, la película logra que sean nuestras propias reflexiones las que nos ayuden a explicarnos por qué estamos como estamos.

Así como Oteyza nos presentó hace algunos años el documental “Tiempos de dictadura” que no sólo retrató de manera fidedigna lo que ocurrió en Venezuela durante el período comprendido entre 1953 y 1958, sino que nos ilustró acerca de las circunstancias, motivaciones y costumbres de la sociedad venezolana dentro del marco del régimen de Marcos Pérez Jiménez, ahora nos enfrenta a los dos períodos constitucionales presididos por Carlos Andrés Pérez y a los diez años que mediaron entre ambos gobiernos, lapso que contiene los veinte años más significativos de la democracia venezolana en cuanto a la alternabilidad en el ejercicio del poder político, el impacto de los cambios mundiales en nuestra situación interna, el proceso de modernización y reformas institucionales y el papel de los medios de comunicación.

El despliegue de “La Gran Venezuela” revive los recuerdos gratos de varias generaciones pero las reta a contrastar aquellas vivencias con la mirada de hoy. Los más jóvenes tienen la oportunidad de entender cómo fue la Venezuela de sus padres y sorprenderse de los niveles que estuvimos a punto de alcanzar gracias a unos proyectos en marcha que nos pusieron en la senda del desarrollo pero cuyo sobredimensionamiento nos descarriló en todos los órdenes.

En el segundo período, el de “El Gran Viraje”, cuando Carlos Andrés Pérez regresa con la intención de corregir el rumbo equivocado, la película destaca la especial importancia que tuvo la opinión pública y la percepción errónea que tenía la población sobre el país. La película claramente logra romper dos mitos que aún hoy persisten sobre la época; el primero, que la corrupción generalizada y desbocada era el principal obstáculo para el desarrollo del país -cuando si bien existía corrupción, no era el único factor ni el más importante en comparación la necesidad de superar una cultura popular y empresarial basada en el rentismo de Estado- y el segundo, que Venezuela se encontraba estancada, sin avance alguno en una dirección que pudiera lograr una eventual mejora de las condiciones económicas y la calidad de vida de la población en general.

Este segundo mito queda destrozado por múltiples testimonios, incluyendo los de rivales políticos, que sostienen que, a pesar de las fuertes fallas comunicacionales y de negociación política, la reconversión del país que planteaba CAP en su segundo gobierno era un plan lógico y que, de haberse podido cumplir como estaba concebido, la austeridad habría dado paso, de manera gradual, a la prosperidad en la medida en que Venezuela deviniera en una nación competitiva y productiva.

Sobre la frustración de “El Gran Viraje” debido al quiebre de las instituciones y tradiciones democráticas del momento, la cinta coloca a cada quien en su lugar y muestra con hechos la clara responsabilidad de los actores políticos que sacrificaron las instituciones democráticas -como el Poder Judicial- para colocar definitivamente a Venezuela en la senda de la anti-política. El sacrificio de los intereses de la nación en beneficio de los personales pareciera ser una tragedia destinada a repetirse una y otra vez en nuestro país.

No con esto se libra de responsabilidad el dos veces presidente pues también se evidencia, como causa recurrente de sus tropiezos, la arrogancia personal producto de su convicción casi megalomaníaca de que era el único capaz de salvar al país en sus momentos más oscuros y, más aún, de que no necesitaba el apoyo de pares o la construcción de consensos, ni siquiera dentro de su mismo bando político. Como verán, nos encontramos con lecciones muy pertinentes actualmente.

La película inicia y concluye con una misma escena partida en dos, metafórica y lapidaria, que nos conecta emocionalmente con la tragedia de Carlos Andrés Pérez y, por ende, de nuestro país, en relación con el sueño interrumpido de llegar a alcanzar niveles de primer mundo y con la forma como fue desoída la propuesta de rectificar el rumbo extraviado. La mejor oportunidad posible para encaminar el país se le fue de las manos a CAP por causa de una perversa combinación de errores propios y mezquindades ajenas.


Beatriz Di Totto B.  –  @bditotto


 

 

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Columnista

Beatriz Di Totto B.

Beatriz Di Totto B.

Abogada UCAB. Postgrado en Ciencias Penales y Criminológicas UCAB. Curso Superior XIX Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional.

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