Política

Maduro, luz de la revolución

Antonio Rivas
Escrito por Antonio Rivas

Si hay algo que resaltar de la revolución chavista, con o sin Chávez, es la consistencia. Desde el momento en que apareció Chávez al escenario político, los antivalores revolucionarios como el cinismo, el egocentrismo, el resentimiento, el amiguismo y la corrupción han estado presentes en cada acción que han llevado a cabo desde el primer día hasta el sol de hoy. Que muchos no lo hayan visto antes sino ahora, no quiere decir que no haya sido así, es solo que Maduro ha permitido, involuntariamente, que entre la luz a una revolución que vivía de engañar masas en la penumbra.

Las expropiaciones, por ejemplo, nunca tuvieron sentido, nunca funcionaron. Fueron un error antes y son un error ahora. Solo sirvieron para dejar correr el resentimiento, alebrestar pasiones revolucionarias y jugar al poder por el poder, más nada. La escasez de hoy se agudiza por un Nicolás Maduro imposibilitado intelectualmente para corregir los errores, pero nacen de un Chávez descarriado y opresor.

El cierre y el ataque de Chávez a los medios disidentes es hoy la asfixia de espacios a grupos como Marea Socialista; es la misma intolerancia y rechazo a la pluralidad de voces. El discurso socialista de un Chávez que renunciaba a su sueldo pero vivía como un jeque utilizando a su antojo los recursos del Estado es el mismo cinismo de las carteras Gucci de Cilia Flores a meses del “Dios proveerá”. Aquella irresponsabilidad de “El pueblo en armas” es la que hoy tiene a los maleantes jugando a la guerra con granadas. Un Chávez manipulando la Constitución para perpetuarse en el poder es el mismo miedo que lleva hoy al gobierno a decir que ganarán las elecciones “como sea”. En fin, el desastre era con Chávez y sigue siendo después de Chávez. Todo ha sido de una consistencia impecable.

¿Con Chávez era mejor?

Muchos chavistas argumentan que con Chávez hubo muchos programas sociales que beneficiaron a gran parte de la población, y que todo eso se ha descuidado ahora con Maduro. Cuando escucho ese argumento recuerdo una canción de Alejandro Sanz que dice “dar solamente aquello que te sobra nunca fue compartir, sino dar limosna, amor”.

Es una actitud un poco inocente pensar que las misiones califican como “programas sociales”, y no como un despilfarro limosnero de recursos, sin planificación, donde la cadena corrupta se aseguraba primero su tajada y lo que quedaba terminaba en algunas casas y en unas pocas verduras en Mercal. Una misión que solo funciona si hay un líder todo poderoso y un petróleo a $100/b es meramente un grifo abierto sin control donde los corruptos llenan sus vasos mientras dejan que salpique un poco a los lados.

¿Entonces no hay traición al legado?

Se dice que Maduro y la cúpula PSUVista traicionaron el legado del comandante. Pero no hay traición de ningún tipo, el chavismo hoy es el mismo que el chavismo hace diez años.

Lo que a mi juicio los chavistas llaman traición no es más que la incapacidad de Maduro de mantenerlos a oscuras. Sin dinero y sin elocuencia no hay manera de mantener el factor alucinógeno y la repartición de migajas que han sido columna vertebral de todo este proceso. Ahora, simplemente, la luz que ha dejado colar Maduro deja ver con más facilidad lo que siempre ha estado allí.


Antonio Rivas  –  @AntonioERivasR


 

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Columnista

Antonio Rivas

Antonio Rivas

Ingeniero de Producción USB. Venezolano en Panamá.