Política

La soga del poder

Antonio Rivas
Escrito por Antonio Rivas

Con frecuencia se cree que la lucha por alcanzar el poder es la más ardua, la más feroz, la más exigente, pero la verdadera prueba de fortaleza que puede dar un hombre no es la de batallar contra los demás por obtener el poder, sino la de batallar consigo mismo por dejarlo.

La grandeza de los hombres poderosos no ha estado en haber mantenido el poder una vez que lo han obtenido, eso típicamente es de autócratas y ególatras como Fidel Castro, Hugo Chávez y una cantidad indeterminada de personajes de la historia. La grandeza de los poderosos reside en haber ejercido el poder con mesura para luego cederlo, llegado el momento, en nombre de los valores de la institución que representan. Esta lista es más selecta, y en ella encontramos nombres como Nelson Mandela o el Papa Benedicto XVI.

El sabor del poder endulza, seduce, embriaga. No se necesita ser rey para conocerlo, lo sabe el policía cuando viste su uniforme, el profesor cuando aplica exámenes, el jefe, el ejecutivo del banco, el militar, el de la taquilla de solicitudes, la secretaria del ministro, el hijo del alcalde; y en la Venezuela chavista lo sabe el pran, el que vende el puesto en la cola y el bachaquero. Cada vez que alguien necesita algo de nosotros tenemos poder, y dependiendo de nuestros valores ese poder será el catalizador de una vocación de servicio o el nacimiento de un déspota.

En las altas esferas, claro está, ese efecto embriagador del poder se hace más fuerte; y cuando un gobierno, como el actual gobierno venezolano, reúne a gente sin preparación, estimulados por el resentimiento, con acceso a grandes cantidades de dinero y sin limitaciones legales aparentes, el efecto adictivo al poder es inmediato y peligroso. Así, las prácticas comunes de los pobres gobernantes como el nepotismo, la corrupción y el desprecio por los valores democráticos rápidamente degeneran en caos, torturas, desapariciones, narcotráfico y muerte. En este punto ya no hay retorno, los gobernantes son a todas luces criminales expuestos a nivel mundial, y lo que antes fue un gobierno hoy es una jaula de la cual no se puede salir so pena de pasar años en la cárcel, como Manuel Noriega. De ahí que se pueden dar el lujo de decir que para resolver los problemas del país “Dios proveerá”, pero las elecciones hay que ganarlas “como sea”. No tienen opción.

El poder es una soga con vida propia, quien la empuña debe hacerlo con mano firme pero sin apretar, con convicción pero con desprendimiento y con la sabiduría para halar, aflojar y para reconocer el momento cuando soltarla. De no hacerlo, esa soga amarrará la mano de quien la sostiene, y antes de que lo advierta la tendrá enredada en su cuello.


Antonio Rivas  –  @AntonioERivasR


 

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Columnista

Antonio Rivas

Antonio Rivas

Ingeniero de Producción USB. Venezolano en Panamá.