Política

La crueldad de Fidel Castro

Antonio Rivas
Escrito por Antonio Rivas

La compañía Starwood Hotels firma tres acuerdos para operar hoteles en Cuba, convirtiéndola en la primera empresa estadounidense en hacerlo en más de 40 años. A la vez, tienen una carta de intención para convertir el Hotel Santa Isabel de La Habana en un hotel de lujo en los próximos meses. Todo mientras el presidente Barack Obama visita la isla junto con otros empresarios del ramo, como Arne Sorenson, presidente ejecutivo de la cadena hotelera Marriott. Es el comienzo del fin de una historia de miseria comunista; final este, avalado por quienes rechazaron la libertad económica al punto de matar por ello.

Resulta así, entonces, que después de décadas de fusilamientos, encierros, torturas, desapariciones, exilios, deserciones, familias separadas, balseros y encendidos discursos anti-capitalistas y anti-estadounidenses, a Fidel Castro le parece que el capitalismo no es así tan malo. Ahora, ya casi con 90 años y viviendo como rey soberano y omnipotente desde los 35, Fidel Castro parece restregarle a todo el pueblo de Cuba una última y cruel humillación: abrirse al capitalismo que lo hizo derramar tanta sangre. Es como si Fidel tomara una vez más el megáfono y gritara: “era todo mentira, el comunismo fue maravilloso para yo vivir como un sultán; ahora pueden hacer con Cuba lo que les dé la gana. Mi revolución sirvió para mi causa, y así pues morirá conmigo”. Fidel Castro se retrata como Stalin y Gorbachov a su antojo, sin cuidar las formas, con desparpajo, y sin la cortesía de una disculpa, una explicación o una reflexión abierta; solo el mismo tren de pensamiento autoritario, sanguinario y melómano con el que se ha mantenido en el poder por décadas: “Se hace porque yo quiero. Y punto”.

Ahora el mundo encuentra una isla perdida en el tiempo, sin criterio para enfrentar la globalización, sin nociones de emprendimiento, sin entender la tecnología, sin anhelos. Una generación entera con el criterio cercenado en la cuna. Cuba es un pueblo a la deriva y a merced de las empresas multinacionales, con bellezas naturales únicas y una mano de obra dispuesta a horas extras por una ración adicional de huevos fritos. Pero a Fidel Castro eso le tiene sin cuidado. Después de una vida de habanos y fusiles, de libros y discursos, de odio y asesinatos, de encuentros irónicos con intelectuales bebiendo cuba libre, y con tres inesperados lustros bañados en la gracia del petróleo venezolano caído maná del cielo, Fidel Castro y su hermano Raúl ahora abren la isla al capital estadounidense; se corre el velo del embargo y descubre a los Castro sonriendo y guiñando el ojo a Obama.  Así nomás.

Con las canas apoyadas en la poltrona vería Fidel Castro aterrizar el Air Force One en La Habana, mientras recuerda su vida de comodidades y pensará: “que viva el capitalismo, chico. Allá los idiotas que me siguieron”.


Antonio Rivas  –  @AntonioERivasR


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Columnista

Antonio Rivas

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Ingeniero de Producción USB. Venezolano en Panamá.