Política

¿A cómo la guerra?

Antonio Rivas
Escrito por Antonio Rivas

Las provocaciones han venido escalando. Nicolás Maduro y su (así llamado) equipo de gobierno juegan a los guapos de barrio con revólver en el cinto y actitud instigadora. Las encuestas son fulminantes y la calma en el país, si bien tensa, no les permite atestar un golpe violento que les permita acabar con la pantomima demócrata y mantenerse en el poder por la fuerza.

Lo han hecho todo. Toda forma posible de provocación la han intentado. Expulsar humillantemente a colombianos a través de la frontera y derrumbarles las casas, prohibir la participación de Marea Socialista en las elecciones parlamentarias, desaparecer a los denunciantes como Alcedo Mora, usar los aviones de PDVSA para sus nanas y guerrilleros, hacer mutismo ante la corrupción, asesinar estudiantes, encarcelar y torturar a los disidentes, cerrar las fronteras, allanar residencias, inhabilitar a líderes opositores, insultar periodistas y negarles su derecho al trabajo, alebrestar el nacionalismo utilizando a Guyana y Colombia, destituir y encarcelar a alcaldes democráticamente electos, condenar a Leopoldo López en un circo de juicio viciado, sobrevolar Colombia con aviones de guerra, restregar en la cara de la gente que hace colas la vida suntuosa de Louis Vuitton, Gucci y Hermés. En fin, arrodillar y humillar a todo el país, escupir la Constitución y pisar la bandera. Pero no pasa nada; nadie parece caer en el juego perverso. Para la cúpula chavista, la guerra como todo lo demás, si no la pueden comprar con el dinero ajeno no lo pueden tener. El pueblo, esperando, parece estar diciéndole al gobierno: “Con la vara que midas… haremos un museo. Ustedes conocerán la verdadera justicia”.

Desde el exterior la respuesta ha sido todo lo contundente que la diplomacia permite, y fronteras adentro el pueblo se atrinchera para atacar en las elecciones de diciembre. La desesperación del gobierno es evidente, y no escatimarán esfuerzos para prender fuego al país. Es lo único que les queda. Una guerra, un conflicto, el fuego como excusa, una derogación de garantías, es lo único que les habilitará para dejar correr su naturaleza golpista, antidemocrática, cobarde y resentida.

Su destino está claro. Quedarán para la posteridad como uno de los gobiernos más inútiles, indolentes e inmorales de la historia de la democracia mundial, y las cortes internacionales les tienen preparadas muchas preguntas. Y dentro de la angustia que les genera ver el fin cerca solo se les queda sufrir el temor de sentirse, desde ya, encarcelados, y la certeza de saber que aquí los únicos que “no volverán” son ellos.


Antonio Rivas  –  @AntonioERivasR


 

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Columnista

Antonio Rivas

Antonio Rivas

Ingeniero de Producción USB. Venezolano en Panamá.