Política Sociedad

Cauchos espichados

En Margarita son las 3 AM. Arranca un insoportable escándalo con altavoces musicales. Despierta el vecindario y se llama a la policía. La oficial dice que ya manda una patrulla.

Media hora después, cero patrullas. Se llama y avisa que unos vecinos están a punto de tomar medidas por cuenta propia. Una áspera voz alega que el único vehículo policial disponible tiene un caucho espichado.

Otra hora más. Se repite el mismo diálogo. Esta vez la «fuerza del orden» concluye: «Y ¿cómo hago yo?» La bulla sigue infernal, pero tras dos ruidosas horas la fiesta se acaba sola y viene un silencio total. Es la realidad de la Venezuela actual.

La estéril semi-anarquía imperante descansa sobre una renta que se creyó inagotable sin que exista petróleo en el mundo que aguante tal masa de parásitos.

La mal llamada «revolución» fue – como siempre – un simple quítate-tú-para-ponerme-yo. A la larga pocos dan la vida por ella, pero tampoco por deponerla.  Prometieron freír ciertas cabezas en aceite hirviendo, pero más bien les alquilan las conciencias. Al final, el diablo junta a los caimanes de un mismo pozo. Mandan las montoneras roba-gallinas de siempre, pero ahora con un removible barniz ideológico.

Un inerme sector civil, hace cuánto puede por resistir entre errores y aciertos. Otros esperan un nuevo caudillo que le dé «replay» a la historia. Algunos hacen de la «oposición» una industria. El logro fundamental del país decente es sobrevivir y acumular expedientes para los archivos.

La fuerza de facto tiene la candente sartén por el mango, como tantas otras veces en nuestra trajinada historia. Lo nuevo es que ahora se encuentra sin líderes o mensajes creíbles, y navega contra corrientes de una realidad global muy adversa.

El régimen lleva dentro de sí las semillas de su propia destrucción; y su final será desde adentro. La ruda torpeza y venalidad de la nueva clase avisa la fragilidad de las lealtades internas.

Lo que viene de inmediato es más mengua, oscuridad y desesperación hasta que se agote la plata y se borren los mitos. Con suerte aquí habrá cierto aprendizaje y se enterrarán varios socialismos en una misma cloaca.

El cambio vendrá por agotamiento de reservas, desaparición de créditos, y liquidación de activos: La necesidad tomará cara de hereje frente al credo «comunista«, y los monos bailarán por la plata.

Vendrá lo inevitable cuando los dólares ya no alcancen para alimentar una turba mercenaria: Los 40 socios de Ali Babá se caerán a dentelladas por los despojos, y la dictadura chimba, procaz y maleva descubrirá que tiene cauchos espichados.


Antonio A. Herrera-Vaillant  –  @herreravaillant


 

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Columnista

Antonio A. Herrera-Vaillant

Antonio A. Herrera-Vaillant

Analista Internacional. Historiador. Columnista de EL UNIVERSAL, NOTITARDE, EL IMPULSO, LA NACIÓN y EL TIEMPO. Asesor de empresas.