Política

Cada minuto una estrella

Es claro síntoma de atraso la manía de rebuscar paralelos externos sin recapitular fundamentales realidades del país. Ya unos nos equiparan a Zimbabue, a la par que otros machacan tétricos pronósticos de un tenebroso futuro “cubano”, rebuscando dos infelices ejemplos, intrascendentes en el tablero global.

Venezuela es el décimo país del planeta en recursos naturales, con reservas petroleras valoradas en US$ 11.3 trillones, y gasíferas en US$ 1.9 trillones. Los 9 primeros puestos los ocupan Rusia, Estados Unidos, Arabia Saudita, Canadá, Irán, China, Brasil, Australia e Iraq.

Su actual tragedia no es más que la apoteosis de antiguas mañas estatistas, militaristas y socialistas; el paroxismo de viejas arbitrariedades y paternalismos, el súmmum de arraigados mitos. Hace mucho que aquí le dicen “latifundio” a cualquier extensión de tierra que suscite envidia, “oligarca” a quien sea rico, y “burgués” a todo el que coma con cubiertos: Atravesamos la más dramática expresión del afincado “quítate-tú-para-ponerme-yo“.

El mayor paralelo entre Zimbabue y Venezuela podría ser que de las propias entrañas del régimen salga un cambio decisivo: como en 1935, 1945 y 1958. Si así pasa, con certeza obtendrá su aplauso generalizado, a excepción de esos perennes “notables” del subdesarrollo, que critican todo aquello que ellos no protagonizan.

La ecuación con Cuba ya pasó de lo sublime a lo ridículo. Allá ciertamente es vital nuestro petróleo, mas no recrear aquí una mala copia de aquello. Es incoherente que quieran degollar la gallina de los huevos de oro. Sin embargo, se propala la delirante conseja de que la ruina venezolana forma parte de un plan siniestro, obviando que esta desgracia es el lógico resultado de una muy vernácula mezcla de rapiña, despotismo, fanfarronería, irresponsabilidad, ignorancia, incuria e incompetencia.

Venezuela se verá realmente libre cuando deje de culpar a terceros por sus propias fallas y se sacuda arraigadas lacras históricas, hoy exaltadas a su máxima expresión. Comenzaremos a salir adelante cuando las mismas fuerzas que con sus armas imponen a una pequeña y torpe banda de mafiosos se los saquen de encima de un solo manotazo.

La inevitable “negociación” del futuro venezolano tendrá un alto componente internacional, pues allí se decidirá el crédito, legitimación y reconocimiento de lo que pueda venir. Y allí la única ficha valedera que tenemos los demócratas es la soberana Asamblea Nacional.  Lo demás es humo y utilería, por más que ciertos “estrategas” de internet se empeñen en fabricar a cada minuto una estrella.


Antonio A. Herrera-Vaillant  –  @herreravaillant


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Columnista

Antonio A. Herrera-Vaillant

Antonio A. Herrera-Vaillant

Analista Internacional. Historiador. Columnista de EL UNIVERSAL, NOTITARDE, EL IMPULSO, LA NACIÓN y EL TIEMPO. Asesor de empresas.