Política

Cabeza de la culebra

Algunos andan hoy más convencidos que nunca que en Venezuela se consolida un al parecer interminable sistema “comunista“, como en Corea del Norte o Cuba.

Abrumados por la insufrible verborrea “roja-rojita“, recuerdan aquellos ejemplos y olvidan la vieja inclinación regional hacia partidos únicos hegemónicos, como el dominio del PRI en México durante 70 años, el insistente peronismo argentino, y la propia experiencia venezolana con la abrumadora hegemonía cívico-militar de Acción Democrática instaurada en 1945.

También está el arraigado centralismo: Hasta 1989 en Venezuela gobernadores y alcaldes eran nombrados a dedo por el presidente desde Caracas, y el criterio de éxito del cacique local ha sido lo que consiga el candidato a nivel nacional.

En países de instituciones mal desarrolladas y masas desesperadas todo el poder suele emanar desde arriba, y normalmente abusa de los recursos del Estado y de la demagogia populista, incluso perpetuándose con elecciones amañadas de mil maneras.

La situación se complica cuando además transforman a la institución armada en su guardia pretoriana personal o partidista.

La combinación de presidencialismo, centralismo, militarismo y hegemonía partidista conduce a ese famoso dicho del general Juan Vicente Gómez: “La culebra se mata por la cabeza“.

Aquí la cabeza de la culebra es hoy un minúsculo núcleo cívico-militar, obstinado en imponer un obsoleto y fracasado modelo económico y político. Hoy creen haber dado un paso importante hacia la consolidación hegemónica, pero esa victoria pronto se les volverá sal y agua.

Al paso que la hiperinflación se intensifique, desaparezcan reservas y el crédito se esfume, no quedará para CLAP ni subsidios a la tropa. Todos esos nuevos alcaldes y gobernadores oficialistas serán la primera línea de fuego frente a una población desilusionada y desesperada por hambre y total desintegración social.

El relato político oficial intenta desesperadamente conservar los votos de una masa indigente que ovaciona a todo el que le tire mendrugos; pero su único apoyo real es una mercenaria guardia pretoriana, que siempre termina quitando y poniendo “emperadores“, como en la antigua Roma – o aquí en 1945, 1948 y 1958.

Cuando la rebatiña por residuos no pase de una cúpula cada vez más reducida se multiplicarán quienes “descubran” que la política económica socialista-comunista los lleva directamente al abismo y a la anarquía descontrolada. Entonces, en el momento menos pensado, cuando confluyan condiciones internas y externas, los mismos mesnaderos cortarán la cabeza de la culebra.


Antonio A. Herrera-Vaillant  –  @herreravaillant


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Columnista

Antonio A. Herrera-Vaillant

Antonio A. Herrera-Vaillant

Analista Internacional. Historiador. Columnista de EL UNIVERSAL, NOTITARDE, EL IMPULSO, LA NACIÓN y EL TIEMPO. Asesor de empresas.