Sociedad

Al garete o amarras

Ana Cristina García

Hay situaciones en la vida que conllevan un valor agregado y su aprovechamiento lo determinamos cuando mirada atrás expresamos “de no haber sido por esto, no lo hubiésemos logrado” En Venezuela en las últimos tiempos nos hemos topado con ese valor agregado con características únicas en distintas oportunidades. Eso que se da o se encuentra muy poco en una que otra situación. Es como decir las condiciones estaban dadas.

No se puede llorar sobre la leche derramada pero si aprender sobre la acción. Trato de escribir estas líneas sin pretender ser dueña de ninguna verdad, porque no la poseo pero de allí a no inmutarme por el papel que estamos desempeñando como pueblo es otra cosa. Soy de las que piensa que lo que sucede es lo perfecto, no obstante esto no se visualiza hasta que todas las piezas toman su lugar y la red que ha de tejerse este completa, esto puede significar lo que actualmente significa, un gran agotamiento, un rumbo desconocido, luego algunos hechos, quizás lamentables darán paso a otra mentalidad, a otro tipo de participación, a un nuevo compromiso, a un entendimiento forjado a hierro producto de muchas decepciones.

La sensación de sentirnos títeres de un lado, del otro y de un sutil tercero quien es el que ordena, más temprano que tarde desencadenará reacciones. El lema de que el venezolano no es un pueblo violento ha sido sustituido por el lema un pueblo de pendejos; con disculpas adelantadas, con una banda de tolerancia muy ancha para el dolor, sufrimiento y aguante. Se han analizado muy bien los cuándo y las formas en que el colectivo ha sido manipulado y sometido, y cada oportunidad desaprovechada ha derivado en una pesadilla para el bienestar físico, mental, emocional y económico del venezolano. A mayor tiempo de permanencia de tanta ineficiencia y desprecio por el país y sus coterráneos más se socavan los pocos referenciales de honestidad, transparencia y esfuerzo  que aún permanecen y que definitivamente existe una porción  generacional que no se reconoce en ellos.

Sé que el miedo puede generar las conductas menos imaginadas y más repudiables y entiendo que para algunos hacer vida en Venezuela sin el poder acostumbrado es sencillamente inconcebible y este panorama da lecturas importantes, siempre que se hagan de la forma correcta. Tenemos la percepción de que todo se ha ido al garete y en cierta forma así es, el deterioro es inmenso y lo primero que se ha ido es la confianza en quienes han utilizado la fuerza y convicción de un colectivo en encauzar unas aguas hacia una dirección que nadie les ha solicitado.  Hemos permitido que se apropien de nuestros deseos de un país mejor sencillamente porque hemos errado en nuestra forma de lucha. Nos han leído hasta la médula que esta sociedad civil sin resistencia, ha cedido demasiados espacios y lo estamos pagando muy caro por ello.

Nos queda sin mucho lamento, fijar las bases necesarias, activarnos desde todos los sectores, hacerlo de manera distinta y aprender de los errores. Construir las fuerzas necesarias que nos coloque nuevamente en el sendero de la legalidad y la constitucionalidad. Jamás se irá al garete quienes en verdad contemplen en sus amarras su amor por Venezuela.


Ana Cristina García  –  @accristina7


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Columnista

Ana Cristina García

Ana Cristina García

Psicoterapeuta / Coach Transpersonal
Impulsador de procesos de cambios
Creadora del Programa Acciones Conscientes
para el cambio ACC7
Columnista / Conferencista