Política

Voto y oposición

El Columnero
Escrito por El Columnero

Al fin culminó una muy corta y atípica campaña electoral. No ocupó espacio estelar. Sus eventos no repitieron el guión de un espectáculo. La población la siguió de reojo, atareada en bregarse su sobrevivencia en medio de una terrible hiperinflación    que tiene en hambre a la mayoría.

Pero no suponía indiferencia.  Hubo, a menos fiesta, más debate. La interrogante acerca de la utilidad o no del voto estuvo circulando en la cabeza de muchos, tema en las colas para adquirir alimentos o en discusiones, cada vez más subidas de tono, entre defensores de votar o no votar. La duda se filtró en los ni ni.

Las consecuencias en la oposición fueron las que ésta  quería generar en el campo oficialista: una fractura. Las posiciones extremistas, los cero votos, siempre alumbrados por fugaces decisiones simbólicas, tuvieron un alza. Pero se mantuvieron como la fracción minoritaria.

La oposición, antes unida en una estrategia democrática, pacífica, constitucional y electoral, se separó en dos toletes. Uno siguió la estrategia que había sido común y participo en la competencia electoral y el otro, decidió mantenerse al margen. Estos últimos rechazaron que se les considerara abstencionistas, aunque no votaran, porque ofrecieron no adoptar una prédica contra el voto.

Pero el garrote fue dado a Fuenteovejuna y subterráneamente la oposición comprobó el dicho de Lope de Vega: “no hay cuchillo como el propio amigo”. Los políticos veteranos fueron prudentes. Se reservaron para una o dos intervenciones fulminantes. Pero gradas abajo las trifulcas se multiplicaron entre quienes habían luchado juntos por años y repentinamente se encontraron en el papel de considerarse mutuamente como el nuevo mejor enemigo.

Se produjo una terrible subpolarización que desgarró a una MUD que intentó migrar sin mayor éxito hacia un Frente Amplio que terminó pedaleando en el vacío. El enfrentamiento pequeño cambió el blanco de ataque y hubo quienes se sumaron al todos contra uno. Incluso aparecieron los que jugando contra si mismos, apostaron ardorosamente a un triunfo oficialista que fuera seguido por el candidato de la antipolítica, la abstención y finalmente, sin ambulancia a la vista, por el candidato que tuvo la osadía de lanzarse al ruedo electoral ante la omisión de la antigua cúpula de la MUD.

A la oposición no la fragmentó una persona, sino una política. Se dividió porque tiene varias visiones que se asumen de modo exclusivo y excluyente. La división es el efecto de una honda diferencia en la estrategia y no se recuperará mientras estas discrepancias no sean superadas, se encuentre una forma de conservarlas sin que impida actuar unitariamente en determinadas áreas y momentos o una demuestre un mayor apoyo social. El día después del 20 debería comenzar el repliegue de las energías centrífugas.

El domingo se probará la eficacia de ejercer el voto y de la abstención. El premio mayor será el cambio de Presidente. Y si acaso no ocurre, la oposición se limitará a verse el ombligo, contrastando el porcentaje de aumento sobre la cota histórica de ausentismo con el porcentaje de participación. Esa comparación mostrará una variación en la fuerza de los partidos de oposición mientras la situación del país seguirá igual porque se perdió otra gran oportunidad para cambiar.

Sea cual sea el resultado, vendrán nuevos escenarios que exigen dar relieve al objetivo de reunificar a los venezolanos y continuar la lucha en una transición por la transformación de Venezuela.   Es una gran diferencia pasar a abordarlos desde el poder.


Simón García  –  @garciasim


 

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